1. Introducción
Las elecciones generales de 2024 en el Reino Unido han sido caracterizadas como una de las más fragmentadas y desproporcionadas en el longevo y arraigado sistema democrático del país (Heath et al. 2024; Prosser 2025). Si bien la literatura en política comparada lo ha considerado un ejemplo clásico de sistema bipartidista, la evidencia empírica reciente apunta a cambios significativos en el panorama político británico, con una erosión progresiva de las lealtades de clase y la aparición de nuevos actores.
Este artículo busca ofrecer una primera aproximación a este cambio político en curso. Comienza con una revisión del contexto institucional, describiendo las principales características del sistema electoral y los actores políticos clave. La segunda sección presenta los temas centrales de la campaña y los resultados de las elecciones generales de 2024. En tercer lugar, tomando el colapso del Partido Conservador (Conservative Party) como una de las características definitorias del ciclo electoral —y como un indicador clave de la creciente fragmentación del sistema de partidos—, se emplean modelos estadísticos multivariados para explorar posibles asociaciones entre la pérdida de apoyo partidario e indicadores políticos y sociodemográficos a nivel de circunscripciones parlamentarias. El artículo concluye con una discusión de los resultados y las principales conclusiones.
Con todo ello, destacamos dos temas principales. Primero, el patrón de volatilidad política en ascenso, reflejado en la creciente brecha entre votos y escaños de los dos partidos tradicionales en las elecciones generales, así como en el colapso del Partido Conservador. Segundo, el impacto persistente del Brexit en la política británica, que ahora se articula menos en debates explícitos sobre la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE) y más en persistentes patrones demográficos y de valores que, trascendiendo dichos debates, hoy estructuran la competencia política en el país.
2. Marco institucional
El Reino Unido es quizá el ejemplo más emblemático de un sistema electoral uninominal de mayoría simple (SMP, por sus siglas en inglés), conocido como sistema de mayoría relativa, destacando la naturaleza de “el ganador se lo lleva todo” propia de este modelo mayoritario. El país se encuentra dividido en 650 circunscripciones parlamentarias uninominales (distritos electorales), en las que cada una elige a un miembro del Parlamento (MP).1 Las y los votantes de cada circunscripción emiten un solo voto y la candidatura que obtiene la mayor cantidad de votos gana el escaño, en muchos casos, sin alcanzar la mayoría absoluta. Luego, el partido que logra la mayoría absoluta de escaños en la Cámara de los Comunes (House of Commons) recibe la invitación para formar gobierno. Aunque este no es el único sistema electoral del país —ya que existen otros seis para asambleas descentralizadas, autoridades regionales y el Parlamento Europeo antes del Brexit—, esta diversidad institucional no se ha traducido en una reforma a escala nacional, y SMP permanece firmemente arraigado en Westminster (Lundberg 2018).
Este arreglo institucional tiene como objetivo producir resultados políticos que combinen las virtudes de un gobierno de partido sólido y una rendición de cuentas efectiva. Al recompensar al partido ganador con un mayor número de escaños, el sistema electoral tiende a favorecer a las organizaciones políticas más grandes y establecidas, lo que suele producir gobiernos mayoritarios (Duverger 1954). Esto, a su vez, permite al Ejecutivo implementar su programa con escasa necesidad de negociación postelectoral (Curtice y Steed 1982).2 Al mismo tiempo, la ciudadanía percibe que los gobiernos rinden cuentas: al final del periodo parlamentario, un cambio relativamente pequeño en el voto puede ser suficiente para sustituir al gobierno en funciones por la oposición (Norris 1995). Por lo tanto, el sistema pretende combinar la estabilidad de un gobierno unipartidista con mecanismos democráticos de rendición de cuentas.
Durante mucho tiempo —y en especial durante las últimas dos décadas—, la clasificación del sistema de partidos en el Reino Unido ha sido objeto de debate en la literatura comparada. Además, es importante señalar que el país cuenta con varios sistemas de partidos, diferenciables por región y nivel de jurisdicción política; por lo tanto, asumir una uniformidad en la dinámica partidaria puede resultar inexacto (Webb 2001). A nivel nacional, los estudios clásicos en ciencia política han descrito largamente al Reino Unido como un caso clásico de bipartidismo (Duverger 1954; Sartori 1976), con el predominio de la política electoral y la alternancia en el gobierno entre el Partido Conservador y el Partido Laborista (Labour Party) en Westminster.
Esta estructura institucional fue particularmente evidente entre 1945 y 1970, cuando los dos partidos dominaron las elecciones generales, como las únicas organizaciones políticas con posibilidades reales de formar un gobierno de manera independiente. Durante este periodo, conservadores y laboristas representaron en conjunto un promedio del 91 % del total de votos (Quinn 2013, 383). La estabilidad del sistema derivó del sistema electoral uninominal de mayoría simple (SMP) y de una marcada división de clase: la mayoría del electorado de la clase trabajadora apoyaba al Partido Laborista, mientras que la mayoría de votantes de clase media apoyaban al Partido Conservador, una alineación reforzada además mediante la socialización (Lynch y Garner 2005). Desde la década de 1980 hasta la primera década de los 2000, el principal cambio consistió en la ampliación de la diferencia en el porcentaje de votos entre el partido ganador y su rival más cercano, lo que permitió describir el sistema con mayor precisión como uno de predominio alternante: aunque conservadores y laboristas siguieron como las dos fuerzas políticas dominantes con gran diferencia, los periodos de dominio de uno u otro partido fueron más prolongados y la competencia general fue menor (Quinn 2013).
Sin embargo, los debates recientes llaman la atención sobre los crecientes signos de fragmentación del sistema de partidos. Tras la victoria en 2010 del primer gobierno de coalición en tiempos de paz desde la década de 1930 —entre los conservadores y el Partido Liberal Demócrata (Liberal Democratic Party)—, las elecciones generales de 2015 fueron una de las más volátiles de la historia reciente. Estos comicios estuvieron marcados por altos niveles de fragmentación, impulsados por la tendencia sostenida de disminución del apoyo a los dos principales partidos (Curtis 2010), junto con la importancia ascendente de partidos como el Partido Nacional Escocés (Scottish National Party, SNP) y el Partido por la Independencia del Reino Unido (United Kingdom Independence Party, Ukip) (Green y Prosser 2016). Aunque las elecciones generales de 2017 parecieron revertir esta tendencia hacia la política multipartidista (Prosser 2018), los avances obtenidos por laboristas y conservadores se explicaron mejor por el impacto del Brexit y el colapso del Ukip (Mellon et al. 2018). Como se detalla en la siguiente sección, la tendencia a la disminución del apoyo a los partidos tradicionales de gobierno y al aumento de la fragmentación se ha mantenido, hasta culminar en el sistema de partidos más fragmentado en las elecciones generales de 2024.
3. Las elecciones generales de 2024
Las elecciones se convocaron el 22 de mayo para celebrarse el 4 de julio. Al exponer sus condiciones para la campaña, el primer ministro Rishi Sunak afirmó: “Ahora es el momento para que Gran Bretaña elija su futuro”, y presentó los comicios como una contienda clara entre dos candidatos: él mismo y el líder de la oposición, el laboralista Keir Starmer (BBC News 2024a). Sunak destacó la incertidumbre geopolítica y el sólido desempeño económico como razones para confiar en la continuidad de su liderazgo. En respuesta, Starmer criticó la gestión del gobierno conservador y expuso sus prioridades para “reorientar tanto nuestra economía como nuestra política” con un “nuevo espíritu de servicio” (BBC News 2024a). En todo el país, las encuestas de opinión mostraban un panorama desalentador para los conservadores, y expertos y expertas preveían casi de forma unánime una cómoda victoria laborista ( Stewart y Mason 2024 ).
Las encuestas aplicadas en los días previos a las elecciones destacaron tres prioridades fundamentales para el electorado: la economía, la salud (que en el Reino Unido es sinónimo del National Health Service [NHS] o Servicio Nacional de Salud) y la inmigración (Adler 2024). Los conservadores basaron su plan de gobierno en la primera prioridad, reivindicaron un historial impecable en la reducción de la inflación y el aumento de los salarios; argumentaron que al confiar en su plan podrían lograr resultados económicos para la clase trabajadora (Partido Conservador 2024). El Partido Laborista centró su propuesta en la segunda prioridad, expuso una visión muy diferente de un Estado en decadencia tras catorce años de gobierno conservador, con el NHS en el centro de la crisis. Prometieron millones de citas médicas adicionales, así como más profesores/as y la nacionalización de los sectores energético y ferroviario (Partido Conservador 2024). La tercera prioridad, el asilo y la inmigración constituyó el eje central del programa del nuevo partido, Reform UK, de Nigel Farage. Su “Contract with You” o “Contrato contigo”, presentado en lugar de un plan de gobierno tradicional, prometía reducciones drásticas en la inmigración en todas sus modalidades, así como normas más estrictas para las personas solicitantes de asilo, incluida la salida del Convenio Europeo de Derechos Humanos (Reform UK 2024 ).
Gráfico 1 Escaños conservadores perdidos en las elecciones generales de 2024 por partido ganador
Fuente: Elaboración propia con base en Cracknell et al. (2024) y Benites y Unsworth (2025)
Tras la jornada electoral, el tema central fue la debacle del Partido Conservador en la Cámara de los Comunes. El partido se desplomó de 365 escaños en 2019 a tan solo 121 en 2024, con solo el 24 % de los votos, alrededor de siete millones menos que en las elecciones generales anteriores. Este ha sido el peor resultado electoral —tanto en escaños como en porcentaje de votos— en los 190 años de historia del Partido Conservador (Prosser 2025). El Gráfico 1 muestra cada uno de los 244 escaños perdidos, divididos por partido ganador. Los mapas revelan una notable diversidad en las zonas con variaciones electorales en contra de los conservadores, abarcando circunscripciones rurales y urbanas, desde el suroeste hasta la frontera con Escocia. Sin embargo, tres grupos de circunscripciones sobresalen de manera particular.
En primer lugar, en el norte de Inglaterra, los denominados escaños del “muro rojo” —tradicionalmente bastiones laboristas debido a su pasado industrial— pasaron al Partido Conservador de Boris Johnson en 2019 (Fieldhouse y Bailey 2023), pero regresaron casi de manera unánime al Partido Laborista en 2024 (con Reform UK en segundo lugar en muchos casos). En segundo lugar, en el suroeste y los home counties (las zonas rurales que rodean la capital) —foco clave de la campaña de los Liberal Demócratas— las circunscripciones se alejaron de forma drástica de los conservadores. En tercer lugar, un conjunto reducido de escaños en Londres, escasos en número, pero simbólicamente significativos, marcaron el fin de la representación conservadora en la capital. La población acomodada en Londres, el sector agrícola liberal y las familias de los mineros del carbón abandonaron al Partido Conservador.
Por otro lado, las elecciones fueron sin duda una gran noche para el Partido Laborista, los cuales lograron una victoria histórica al obtener 411 escaños, 209 más que en 2019 y su tercer mejor resultado histórico. Sorprendentemente, esto ocurrió con solo un pequeño aumento en su porcentaje de votos, del 32.1 % al 33.7 % y, en términos absolutos, con medio millón de votos menos que en 2019 (Cracknell et al. (2024)).
Gráfico 2 Porcentaje acumulado de votos y escaños para el Partido Laborista y el Partido Conservador en el periodo posguerra
Fuente: Elaboración propia con base en Quinn (2013) y Cracknell et al. (2024)
Sin embargo, la contienda electoral también produjo el sistema de partidos más fragmentado de la historia británica, así como el resultado electoral más desproporcionado (Prosser 2025). Como se muestra en el Gráfico 2, la suma de votos del Partido Laborista y el Partido Conservador alcanzó su mínimo histórico, mientras que partidos minoritarios como Reform UK y el Partido Verde lograron sus mayores porcentajes de votos y escaños en unas elecciones generales: obtuvieron el 20 % del total de votos, pero aseguraron solo nueve escaños (Stewart 2024). La diferencia entre el porcentaje de votos del Partido Laborista y el Partido Conservador y la proporción de escaños que recibieron en el Parlamento fue la mayor de la historia: en conjunto ganaron el 82 % de los escaños con solo el 57 % del total de votos (Quinn 2013; Cracknell et al., 2024), lo que convierte a las elecciones de 2024 en las más desproporcionadas de la democracia británica.
Gráfico 3 Participación electoral por circunscripción en las elecciones generales 2024
Fuente: Elaboración propia con base en Quinn (2013) y Cracknell et al. (2024)
El Gráfico 3 muestra otro aspecto que se desprende de estas elecciones: una notable disminución de la participación electoral en todo el país. Solo tres de las 650 circunscripciones registraron un ligero aumento en la participación, mientras que todas las demás experimentaron descensos, algunos de ellos considerables. Los casos más extremos, con una disminución de la participación de casi 19 puntos porcentuales, se concentraron en zonas tradicionalmente laboristas de grandes ciudades como Londres, Leeds y Mánchester: 19 de los 20 escaños con menor participación fueron ganados por el Partido Laborista (Sturge 2024). Esto se ha asociado en la literatura con las características de muchas circunscripciones laboristas: población más joven, más pobre y con mayor diversidad étnica, que tienden a registrar tasas de participación más bajas (Ledgerwood y Lally 2024) y suelen ser más propensas a votar por el Partido Laborista. También podría sugerir apatía y desinterés entre ciertos grupos de votantes debido a la falta de confianza o de visión por parte de las y los parlamentarios (Prentice 2025).
Este patrón se ha relacionado con una preocupación más amplia destacada en investigaciones empíricas recientes: el creciente problema de la desigualdad política en el Reino Unido. Estudios advierten de las diferencias sistemáticas observadas en la capacidad de la ciudadanía para influir en el proceso político (Ansell y Gingrich 2022; Patel 2023), con las voces de quienes “tienen” resonando con mucha más fuerza que las de quienes no (Patel y Valgarðsson 2024). La disminución de la participación electoral en las circunscripciones socioeconómicamente desfavorecidas puede, por lo tanto, reflejar y reforzar estas desigualdades, y plantea interrogantes relevantes sobre qué voces están representadas —y cuáles están ausentes— en la democracia británica.
4. Análisis empírico
Tomando la magnitud de la derrota conservadora como una característica clave de la contienda electoral de 2024 y como una de las principales señales de la fragmentación del sistema de partidos, esta sección explora asociaciones entre la perdida de apoyo partidario con una serie de indicadores que permiten aproximarse al perfil de las circunscripciones parlamentarias en las que el partido sufrió las mayores pérdidas de votos y contrastar hipótesis sobre los factores demográficos, culturales y políticos que configuran este patrón. Para ello, se estimaron dos modelos lineales de mínimos cuadrados ordinarios (OLS, por sus siglas en inglés), con la variable dependiente definida como la diferencia en el porcentaje de votos obtenidos por el Partido Conservador entre las elecciones generales de 2019 y 2024.3 Esta medida captura la magnitud de la pérdida electoral en cada circunscripción, en lugar de los niveles estáticos de apoyo.
Para las variables independientes, se utilizaron indicadores como la estructura de edad, el nivel educativo, la religión y el lugar de nacimiento, extraídos del Censo de 2021 a nivel de circunscripción electoral, con la finalidad de evaluar posibles asociaciones con la pérdida de votos del Partido Conservador.4 Como indicador político, se incluyó el porcentaje de votos a favor del Brexit en el referéndum de 2016. Investigaciones previas vinculan esta variable con los procesos de realineamiento electoral y los cambios en la geografía electoral británica, lo que la convierte en un factor clave (Fieldhouse y Bailey 2023; Fieldhouse et al. 2023 ). Finalmente, se incluye el porcentaje de votos obtenidos por el Partido Conservador en 2019 como variable de control. Esto permite que los modelos capturen la variación en el cambio de votos y, a su vez, controlen las diferencias en los niveles iniciales de apoyo al partido en las distintas circunscripciones.5 Todas las variables se escalaron para que sus valores oscilen entre 0 y 1.
Tabla 1 Cambio en el voto conservador y características de las circunscripciones
Fuente: Fuente: Elaboración propia con base en Benites y Unsworth (2025)
La Tabla 1 presenta los resultados de los modelos. El primero examina si la composición sociodemográfica de las circunscripciones está asociada con mayores o menores pérdidas de votos para el Partido Conservador, mientras que el segundo evalúa si los indicadores de división cultural y el realineamiento político tras el Brexit influyeron en la magnitud del descenso del Partido Conservador en 2024.
Lo primero que cabe destacar es el considerable poder explicativo de ambos modelos, cada uno explica aproximadamente el 80 % de la variación en el cambio del voto hacia otros partidos. Como era de esperar, el apoyo inicial a los conservadores en 2019 se presenta como un predictor clave y está asociado de manera negativa con las pérdidas posteriores: las circunscripciones en las que el partido obtuvo mejores resultados en las elecciones anteriores tendieron a experimentar descensos más pronunciados en 2024. Si se mantienen constantes todas las demás variables, un aumento de diez puntos porcentuales en la cuota de voto conservador en 2019 se asocia con una disminución de aproximadamente cinco puntos porcentuales mayor en el apoyo al partido entre 2019 y 2024. Este patrón refleja tanto la dinámica de regresión a la media como el mayor potencial de pérdida de votos desde un punto de partida más alto.
En cuanto a la composición sociodemográfica de las circunscripciones, tanto la edad como el nivel educativo aparecen como predictores importantes, aunque con algunos matices. El nivel educativo muestra un fuerte vínculo con el descenso del voto conservador: un aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de residentes sin cualificaciones formales se asocia con una pérdida mayor, de aproximadamente cuatro puntos porcentuales, en la cuota de voto conservador entre 2019 y 2024. La edad también es significativa, particularmente entre la población más joven. Al mantener constantes todas las demás variables, un aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de residentes de entre 18 y 24 años se asocia con una disminución de aproximadamente dos puntos porcentuales más en el apoyo a los conservadores, mientras que el efecto correspondiente para las personas mayores de 65 años equivale a cerca de un punto porcentual adicional.
El análisis de los indicadores culturales y políticos del segundo modelo revela patrones importantes vinculados al realineamiento posterior al Brexit y cambios culturales. En primer lugar, no existe una asociación significativa entre la proporción de residentes nacidos/as fuera del Reino Unido y la pérdida de votos del Partido Conservador una vez que se controlan otros factores. Por el contrario, las preferencias sobre el Brexit siguen como un predictor importante incluso con ambos partidos principales a favor de la permanencia fuera de la UE: por cada diez puntos adicionales de apoyo al Brexit en 2016, el Partido Conservador pierde aproximadamente dos puntos más de apoyo entre elecciones. La secularización también resulta relevante. Un incremento de diez puntos porcentuales en la proporción de residentes sin afiliación religiosa se asocia con una reducción de aproximadamente 1.3 puntos porcentuales en el apoyo electoral al Partido Conservador, lo que indica que las circunscripciones más seculares tendieron en mayor medida a retirar su apoyo al partido en 2024.
5. Discusión y conclusión
A primera vista, la derrota conservadora podría interpretarse como la normal —e incluso saludable— alternancia en el poder en un sistema democrático. Después de casi quince años en el gobierno bajo cinco primeros ministros, los conservadores fueron destituidos en medio del descontento social alimentado por presiones inflacionarias y acusaciones de una conducta deficiente durante la pandemia. Sin embargo, esta interpretación corre el riesgo de pasar por alto la naturaleza extraordinaria de las elecciones de 2024: la magnitud de la derrota no tuvo precedentes (Prosser 2025). En lugar de un cambio rutinario dentro del ciclo democrático, este resultado se comprende mejor como un síntoma de un cambio profundo en la dinámica política del país.
Si bien el sistema electoral mantiene la lógica de un gobierno mayoritario al otorgar una ventaja al partido ganador, podría, a la vez, estar ocultando la creciente fragmentación dentro del sistema político. Como se mencionó con anterioridad, no solo la brecha entre el porcentaje de votos y escaños obtenidos por conservadores y laboristas va en aumento, sino que los cambios en la distribución de escaños ya no coinciden necesariamente con los patrones de transferencia de votos. Por ejemplo, el 72 % de los escaños perdidos por los conservadores pasó al Partido Laborista, el 24 % fueron para el Partido Liberal Demócrata y solo el 5 % para Reform UK. No obstante, el comportamiento electoral ofrece una lectura diferente: entre quienes apoyaron al Partido Conservador en 2019, solo el 10 % transfirió su voto al Partido Laborista en 2024, el 6 % al Partido Liberal Demócrata y un sorprendente 27 % votó por Reform UK (Heath et al. 2024; Prosser 2025).
Los cambios en el panorama político del Reino Unido también se reflejan en las encuestas de opinión. De acuerdo con estimaciones recientes, si se celebraran elecciones generales en 2025, Reform UK obtendría el 34 % de los votos, 12 puntos por delante de los laboristas y 20 por delante de los conservadores. Por primera vez, un partido emergente alcanza mejores resultados electorales que cualquier otro en la historia británica (Heath et al. 2024), reteniendo a nueve de cada diez de sus votantes de 2024 y atrayendo, también, el apoyo de las dos fuerzas políticas tradicionales. Por el contrario, los datos de opinión muestran que tanto laboristas como conservadores obtienen resultados históricamente bajos, con los niveles más reducidos de intención de voto registrados hasta la fecha (Skinner 2025). En conjunto, estos patrones apuntan a un panorama político cada vez más fragmentado y volátil, en el que el dominio de las dos principales fuerzas políticas ya no puede darse por sentado.
Dentro de este contexto más amplio de cambios en la competencia entre partidos, el Brexit parece haberse cristalizado en un eje estable de alineación política que continúa configurando el comportamiento electoral en el Reino Unido. A primera vista, el sistema de partidos británico ofrece ahora la impresión de un cuasi consenso sobre el Brexit: el Partido Conservador, el Partido Laborista y Reform UK manifiestan una clara oposición a la reincorporación a la Unión Europea (Partido Laborista 2024; Partido Conservador y Unionista 2024; Reform UK, 2024), y en conjunto representaron el 71.7 % del total de votos (BBC News 2024b). El electorado también muestra mayor preocupación por cuestiones como la economía, la salud y la inmigración que por la relación entre el Reino Unido y la UE (Adler 2024). Sin embargo, el análisis empírico sugiere que el Brexit mantiene una poderosa influencia en los resultados electorales.
El impacto duradero del Brexit en la política británica no se centra tanto ya en debates explícitos sobre políticas, sino en alineaciones demográficas y de valores profundamente arraigadas. La edad y la educación, que fueron líneas divisorias clave en el referéndum, siguen siendo predictores centrales de los resultados electorales en 2024. La población electoral más joven y con mayor nivel educativo, que apoyó de forma desproporcionada la permanencia en la UE, ha continuado alineada con los partidos de izquierda liberal, mientras que los grupos de mayor edad y con menor nivel educativo han mostrado una mayor propensión a respaldar a los partidos de derecha conservadora. Esta división demográfica ha persistido más allá del periodo inmediatamente posterior al Brexit y ahora se refleja en la estructura de la competencia electoral.
De hecho, en lugar de una simple correspondencia entre el electorado a favor de la permanencia en la UE y el Partido Laborista, y el electorado a favor de la salida y los conservadores, la política británica parece organizada en torno a dos grandes bloques: un bloque de izquierda liberal (laboristas, liberal demócratas, verdes) y un bloque de derecha conservadora (conservadores, Reform UK). El cambio de voto entre 2019 y 2024 ocurrió en gran medida dentro de estos bloques, con votantes eurocéntricos que pasaron del Partido Laborista a los Verdes y euroescépticos que se trasladaron de los conservadores a Reform UK (Griffiths et al. 2024).
En suma, si bien el sistema de partidos del Reino Unido sigue dominado por las dos fuerzas políticas tradicionales, los acontecimientos recientes sugieren que el panorama político se abre de manera gradual para que partidos antes minoritarios tengan una mayor presencia. A medida que se erosionan las lealtades de clase, los cimientos del sistema bipartidista se debilitan, y encuestas de opinión muestran indicios de una estructura multipartidista emergente. Queda por ver si este reajuste constituye una interrupción temporal o si se mantiene hasta las próximas elecciones generales.
Conflictos de interés:
El autor declara no tener algún conflicto de interés.
Contribuciones de las personas autoras:
Alexander Benites: conceptualización, investigación, diseño de metodología, redacción (borrador original), redacción (revisión y edición).
Charlie Unsworth: conceptualización, investigación, diseño de metodología, redacción (borrador original), redacción (revisión y edición).
Autor para correspondencia:
Alexander Benites
Notas:
1 Reino Unido. Parliamentary Constituencies Act 2020, section 5. 14 de diciembre de 2020. https://bit.ly/3JVJC3y
2 Esta estructura institucional también refleja un aspecto de la definición de democracia de Schumpeter (1942), que enfatiza el método democrático como un mecanismo institucional a través del cual “el pueblo [...] crea un gobierno” (Schumpeter 1942, 250). En este sentido, el sistema electoral SMP se ajusta a una concepción del régimen político centrada en las elecciones competitivas y la formación de gobierno. Para un análisis más detallado, ver Curtice y Steed (1982).
3 La variable dependiente se operacionalizó mediante el cálculo de la diferencia entre el porcentaje de votos obtenido por el Partido Conservador en 2024 y 2019. Los valores positivos indican un aumento en el porcentaje de votos entre ambas elecciones, mientras que los valores negativos señalan una disminución.
4 Los datos del censo de 2021, agregados a nivel de circunscripción parlamentaria, se obtuvieron de la Biblioteca de la Cámara de los Comunes.
5 Debido a la nueva configuración de las circunscripciones electorales establecida en 2023, fue necesario calcular resultados estimados para el porcentaje de votos del Partido Conservador en 2019 y para el referéndum sobre la permanencia en la UE de 2016, con el fin de obtener valores correspondientes a las nuevas circunscripciones. Estos datos se obtuvieron del Estudio Electoral Británico 2019-2026 (Perrett et al. 2025). Para una descripción detallada de la metodología aplicada para generar las estimaciones, ver también Hanretty (2017) .
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