1. Introducción
América Latina experimentó un resurgimiento de la derecha tras el ciclo progresista de la primera década del siglo XXI. Por un lado, tras un proceso de reorganización y renovación interna, la derecha tradicional, mediante una experiencia exitosa de construcción partidaria, logró distanciarse de su pasado autoritario y efectuar renovaciones programáticas hacia un perfil más moderado (Luna y Rovira Kaltwasser 2014). Debido a ello pudo acceder a la presidencia mediante votos populares, en algunos casos por primera vez desde la tercera ola de democratización en el continente (Huntington 1993) , con Propuesta Republicana (PRO) en Argentina como ejemplo destacado. Según diversos autores, la presencia de agentes partidarios capaces de representar los intereses de la clase media-alta constituye un elemento fundamental para la estabilidad democrática (Di Tella 1971; Gibson 1996).
Por otro lado, una derecha radical se desarrolló en América Latina e irrumpió en el escenario electoral de manera inesperada. Diversos avances en contiendas presidenciales, como los de Jair Bolsonaro en Brasil en 2018 y Javier Milei en Argentina en 2023, anunciaron la consolidación de la derecha radical en el sistema político de la región. Este sector se caracteriza, además, por su rebeldía frente a la corrección política (Stefanoni 2021) y por una respuesta reaccionaria ante el avance y la representación de las minorías políticas (Rovira Kaltwasser 2024). En consecuencia, se observa una reconfiguración de las fuerzas políticas y una transformación interna de la derecha latinoamericana (Borges et al. 2024).
Una de las preguntas que surgen a partir de estas dinámicas en el tablero político se refiere a la relación entre los partidos de derecha mainstream y la derecha radical. Resulta pertinente formular las siguientes preguntas: ¿cómo reaccionan los partidos de derecha mainstream ante la competencia de la derecha radical? ¿Se han vuelto más porosas las fronteras entre ambas derechas?
Este trabajo busca contribuir a este tópico mediante el análisis de las reacciones del partido de centroderecha argentino frente al ascenso electoral de la derecha radical entre 2015 y 2023. La discusión se estructura en tres ejes: temas socioeconómicos, socioculturales y la relación con la democracia liberal. En función del objetivo general, se establecen los siguientes objetivos específicos: (i) conocer el énfasis de la agenda del PRO en las elecciones presidenciales antes y después del ascenso electoral de la derecha radical; y (ii) indagar cómo se posiciona el PRO en las temáticas electorales a lo largo de las instancias electorales mencionadas.
En consonancia con estos objetivos, se propone analizar los cambios programáticos del PRO a partir del estudio de las campañas de sus candidaturas en las respectivas instancias electorales presidenciales, además de establecer un diálogo con la literatura especializada. La recolección de datos se efectúa mediante un rastreo sistemático de los diarios, a fin de construir un corpus propio para el análisis de los discursos públicos de las y los candidatos.
En términos generales, este trabajo ofrece aportes teóricos y empíricos innovadores que contribuyen a la discusión con la literatura contemporánea. Por un lado, representa un estudio de caso en América Latina, donde el ascenso electoral de la derecha radical constituye una dinámica relativamente reciente. La atención académica hacia la reacción estratégica de la derecha convencional ante este fenómeno ha sido más bien deficitaria. Por otro lado, el estudio implica un esfuerzo por sistematizar las evidencias empíricas a partir de las campañas electorales. De esta manera, se busca comprobar una radicalización de la derecha mainstream argentina en distintos ejes temáticos frente al aumento de la relevancia electoral de la ultraderecha.
.
2. La conceptualización derecha mainstream y radical
Dados los objetivos de este trabajo, es necesario establecer una conceptualización precisa de lo que se entiende por derecha política. Desde la teoría política, Bobbio (1994, 49) conceptualizó la díada derecha/izquierda al sostener que “son términos mutuamente exclusivos, cuya distinción se basa esencialmente en la concepción de igualdad”. La izquierda considera factible y necesario cambiar la desigualdad, mientras que la derecha, en palabras de Luna y Rovira Kaltwasser (2014, 4), se concibe como una “posición política que se distingue por la creencia de que las principales desigualdades entre las personas son natu-rales y ajenas al Estado”.
A partir de este punto, diversos estudios buscaron codificar esta definición a través del análisis de las posiciones políticas. En este sentido, la dimensión económica Estado-mercado fue recuperada por varios estudios como el principal eje para distinguir a los partidos de izquierda de los de derecha. Por ejemplo, Downs (1957)
señaló que la intervención estatal (izquierda) y el laissez-faire (derecha) son la única dimensión capaz de identificar a ambos tipos de partidos. No obstante, el conservadurismo en cuestiones morales o socioculturales también incide en este mapeo de la dicotomía izquierda-derecha. Desde la concepción ideológica, el orden social y la desigualdad se entienden también en el plano sociocultural.
Según Mudde (2007), pueden distinguirse tres tipos de derecha: la centro-derecha, la derecha radical y la extrema. Los puntos diferenciadores están en (i) la radicalidad con la que postulan sus ideas; y (ii) su relación con la democracia liberal. La perspectiva de Mudde resulta relevante porque permite establecer la distinción esencial entre la derecha convencional y la ultraderecha, además de ofrecer una base diferencial para estudios posteriores. Sin embargo, en su desarrollo teórico original sobre la “centroderecha”, el autor se apoya en casos empíricos de partidos conservadores, liberales y socialcristianos del contexto europeo, tipología que presenta limitaciones al confrontarse con la realidad política y partidaria de América Latina en el siglo XXI. Por ello, este trabajo no empleará la categoría “centroderecha” al conceptualizar el caso de estudio.
Por otro lado, Akkerman et al. (2016) propusieron una categorización de la derecha mainstream, diferenciada de la derecha radicalizada. En línea con el aporte de Mudde, la derecha mainstream se caracteriza por (i) la defensa moderada de ideas de derecha; (ii) el énfasis en los temas socioeconómicos; y (iii) el respeto por las reglas del juego inherentes al sistema democrático liberal.
Este enfoque cobra relevancia para los objetivos de este trabajo, al permitir el estudio de las relaciones entre la derecha mainstream y la derecha radical. En primer lugar, posibilita una identificación y demarcación claras entre los partidos analizados mediante estas dos categorías. En segundo lugar, facilita la comprensión de la metamorfosis de los partidos a partir de un proceso de interacción dentro del sistema político y de sus resultados (radicalización o mainstreaming). Esta dicotomía fue aplicada luego por Bale y Rovira Kaltwasser (2021) en el análisis empírico de la relación entre ambas derechas en Europa.
En tercer lugar, la propuesta de Akkerman et al. (2016) advierte sobre un posible cambio en la agenda electoral en cuanto a la relación proporcional entre los temas socioeconómicos y socioculturales al estudiar las dos derechas. Como señaló Rovira Kaltwasser (2024), la ultraderecha latinoamericana se destaca por la politización de las cuestiones socioculturales.
Por último, el énfasis de los aportes de Mudde (2007) y de Akkerman et al. (2016) en la relación con la democracia liberal como criterio de distinción ha recibido apoyo empírico en el estudio de los partidos de América Latina. Borges y Zanotti (2024) demostraron que los partidos de ultraderecha de la región comparten una postura iliberal respecto de la democracia y distinguieron tres subtipos: la derecha radical populista (populist radical right), la ultraderecha dura (hardline far right), caracterizada por un fuerte énfasis en el orden social y la seguridad, y la ultraderecha autoritaria y fundamentalista (authoritarian-fundamentalist far right), que se diferencia del resto por su apego al conservadurismo religioso de manera saliente.
En relación con la reacción frente a la competencia electoral de la derecha radical, la literatura recurre al “modelo espacial de interacción partidaria”, a partir del que se distinguen diferentes tipos de estrategias adoptadas por la derecha mainstream frente a la radical (Bale et al. (2010) y Meguid (2005)
identificaron tres estrategias posibles en este plano: (1) desdén, que consiste en ignorar los temas en los que los partidos de derecha radical ponen énfasis y desviar la agenda política; (2) confrontación, que implica sostener los principios ideológicos y confrontar con las posturas de los actores radicalizados; y (3) asimilación, que se supone acercarse a las posturas de los partidos de derecha radical e incorporar sus ideas.
3. Los partidos de derecha mainstream y radical en Argentina
Tal como señaló la literatura, la derecha abarca un conjunto amplio y diverso de actores (Mayka y Smith 2021). Asimismo, Luna y Rovira Kaltwasser (2014) determinaron tres tipos de estrategias para explicar la resiliencia de la derecha latinoamericana: la no electoral, la electoral no partidaria y la partidaria. Esta última implica invertir en la construcción organizativa y participar en las instancias electorales a fin de influir en las políticas públicas. En ese sentido, el PRO constituye un caso exitoso de construcción de una derecha partidaria en Argentina después de la restauración del sistema democrático en 1983 (Vommaro y Morresi 2014).
Desde una perspectiva sociohistórica, el PRO pertenece a la tradición liberal-conservadora de la derecha argentina (Vommaro y Morresi 2015), caracterizada por la adhesión a “la organización liberal de la economía y republicana de la política” (Bohoslavsky y Morresi 2016, 3). Esta posición lo diferencia de la tradición reaccionaria-nacionalista, que concibe “la identidad argentina ligada a un legado hispano-católico y a las Fuerzas Armadas y la Iglesia como custodios de un ser nacional amenazado por la modernidad liberal e izquierdista” (Morresi et al. 2022, 135).
El PRO logró una construcción partidaria perdurable en el tiempo, a diferencia de otros intentos fallidos de partidos de orientación neoliberal tras la vuelta de la democracia, entre los que se encuentran la Unión del Centro Democrático (UCEDE) y Recrear para el Crecimiento (Recrear) (Vommaro 2019). El partido amarillo tiene su origen en la capital federal del país y fue producto de un emprendimiento político de su fundador, Mauricio Macri, quien provenía del ámbito empresarial y supo aprovechar la crisis económica y política de 2001 para forjar un proyecto político en un sistema de partidos fragmentado y fluido (Gervasoni 2018). Macri destacó su carácter “nuevo” de “hacer política” en medio de la deslegitimación de los partidos tradicionales y accedió a la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires mediante una plataforma política propia en 2003. Con base en una heterogeneidad de grupos componentes (Vommaro y Morresi 2014), Macri oficializó la formación del partido Alianza Propuesta Republicana en 2005, que luego consolidó como Propuesta Republicana. En la búsqueda del poder, los dirigentes aplicaron con éxito una estrategia de alianza con otros partidos con construcción territorial en el país, lo que les permitió proyectarse al nivel nacional y, finalmente, alcanzar la presidencia en 2015 (Gené y Vommaro 2023). Además, construyeron una base militante organizada, especialmente en la rama juvenil, que adoptó una identidad partidaria fuerte (Grandinetti 2023
). De esta forma, el PRO conquistó la representación del espacio antiperonista del clivaje peronismo-antiperonismo que divide la política argentina (Ostiguy 2009).
Aunque comparten en su mayoría posturas conservadoras en lo sociocultural y liberales en lo económico, privilegian la marca partidaria “de gestión” en lugar de exhibir estos componentes ideológicos (Vommaro y Morresi 2015). Focalizaron su agenda economicista en la defensa del libre mercado, acompañada de cierta ambigüedad respecto de los temas socioculturales. En este sentido, construyeron una marca partidaria propia (Vommaro 2021 ), consistente y diferenciada de la de sus adversarios, como enfatizó Lupu (2016). Además, destacaron su aceptación y adaptación en el marco de la democracia liberal, al tiempo que se distanciaron del pasado autoritario de la derecha (Morresi 2015).
En cambio, los partidos de derecha radical, Frente NOS, Frente Despertar y La Libertad Avanza (LLA), adquirieron relevancia electoral a nivel nacional desde las elecciones presidenciales de 2019. Hacia el final del gobierno de Macri (2015-2019), se abrió un espacio a la derecha del PRO. El Frente NOS se distinguía por sus elementos nacionalistas y de conservadurismo moral en su programa político, mientras que el Frente Despertar se concentraba en una agenda económica ultraliberal que criticaba el nivel de gasto público del entonces gobierno macrista (Gené 2024). Cabe destacar que, a medida que avanzó la campaña, las propuestas de ambas formaciones tendieron a confluir y asimilarse en torno a componentes neoliberales en lo económico y reaccionarios en lo sociocultural, cuestiones que luego retomó la candidatura de Macri en 2019 (Morresi y Vicente 2023
).
LLA constituye el caso de mayor éxito electoral, al haber llevado a Javier Milei a la presidencia en las elecciones de 2023. Su ascenso electoral se desarrolló a partir del desplazamiento de la hegemonía de derecha previamente ocupada por la alianza liderada por el PRO. LLA se configura como un espacio de derecha radical y populista (Morresi y Ramos 2023; Morresi y Vicente 2023), en el que coexisten distintas tradiciones e ideas de derecha: políticas neoliberales, conservadurismo reaccionario, diatribas contra el feminismo, el repertorio de la alt-right estadounidense y su combate contra la corrección política, las ideas de ley y orden, el nacionalismo, las reivindicaciones del discurso militar sobre el pasado reciente y una relativización de las instituciones de la democracia liberal (Gené 2024, 15).
Ese fusionismo se articula en torno a su visión crítica de la intervención del Estado tanto en el ámbito económico como en el plano cultural y moral (Morán Faúndes 2022
; Morresi y Vicente 2023). A partir de ese eje, la ofensiva contra la “ideología de género” y la agenda “neomarxista” vinculó a los sectores libertarios con otros provenientes de la tradición nacionalista-reaccionaria, y al mismo tiempo permitió alcanzar públicos más diversos, más allá de los constituencies tradicionales de la derecha, ubicados en el estrato social medio-alto (Semán 2023
).
En cuanto a su relación con la democracia, diversos trabajos destacaron el carácter antipluralista de LLA (Belloni 2023; Gené 2024; Morresi y Vicente 2023), que se caracteriza por la negación de los grupos minoritarios, el escaso compromiso con los procesos democráticos y la demonización contra los oponentes políticos, acompañada por incitaciones a la violencia política (Medzihorsky y Lindberg 2023). Al mismo tiempo, se vislumbra la posible amenaza de la ultraderecha latinoamericana a la estabilidad y la calidad de la democracia debido a su relación nostálgica con las fuerzas de seguridad, dada la trayectoria histórica de la región en relación con los regímenes autoritarios (Borges y Zanotti (2024);
Kestler 2022). En esta discusión, referentes de LLA como Victoria Villarruel, política de familia militar, activista y dirigente de una organización pro Fuerzas Armadas, fueron señalados como elementos reaccionarios y autoritarios en la comprensión de la derecha radical argentina.
Cabe señalar que ambas derechas, tanto la mainstream como la radical, forman parte del campo amplio y heterogéneo de sus tradiciones. Su ascenso electoral debe entenderse en su contexto. Frente al desgaste de los gobiernos progresistas, la derecha mainstream propone una alternativa neoliberal con énfasis en “la gestión”, acompañada de ambigüedad en la agenda cultural y adaptación al sistema democrático. En cambio, la derecha radical expresa un descontento generalizado hacia los partidos tradicionales por sus fracasos en el desempeño gubernamental (Anria et al. 2025). Además de su perfil programático radical y la tensión con la democracia liberal, esta fuerza radical incorpora una reacción frente a los avances en cuestiones culturales y morales (Mudde 2024; Stefanoni 2021). A modo de conclusión, pueden delinearse dos tipos de partidos de derecha en el escenario político argentino tras la vuelta a la democracia, que comparten un mismo core ideológico. A partir del ascenso electoral de la derecha radical en las últimas dos elecciones presidenciales, la literatura especializada identificó señales de una apuesta por una derecha más definida por parte del PRO (Gené y Vommaro 2023; Morresi 2020). Pese a esas aproximaciones, este trabajo busca aportar evidencias empíricas que permitan comprobar dichas afirmaciones. En paralelo, procura profundizar en la siguiente pregunta: si efectivamente se produjeron cambios, ¿en qué aspectos ocurrieron y en cuáles no?
4. Metodología
Esta investigación tiene como objetivo rastrear la agenda de la derecha mainstream argentina en un proceso diacrónico marcado por el aumento de la relevancia electoral de la derecha radical. ¿Cómo ha variado el enfoque de la agenda y la postura de la derecha tradicional a partir de la irrupción de su par radical? Para responder a esta interrogante se establecieron dos objetivos específicos: (i) conocer la distribución de frecuencias de temáticas y tópicos en las campañas de la derecha mainstream en las elecciones de 2015, 2019, 2023; y (ii) describir y analizar las posturas adoptadas en los tópicos seleccionados a lo largo del periodo.
En ese marco se propone indagar los posicionamientos programáticos del PRO, considerados como variable dependiente, mediante un análisis de contenido cualitativo de los discursos públicos de las respectivas candidaturas de interés a lo largo del periodo. El porcentaje de votos obtenidos por la derecha radical en las instancias electorales correspondientes se considera la variable independiente.
La recopilación de discursos se efectúa a través de un rastreo sistemático de los diarios y se basa en tres criterios: (1) las fórmulas ganadoras (candidaturas presidenciales y vicepresidenciales) de las PASO de la coalición de centroderecha Cambiemos / Juntos por el Cambio; (2) el periodo comprendido abarca el lapso de campaña establecido por la Cámara Nacional Electoral para las PASO, las elecciones generales y la segunda vuelta, en caso de que la centroderecha accediera al balotaje; y (3) los dos diarios de mayor circulación en Argentina según el Instituto Verificador de Circulaciones (IVC), las dos fuentes periódicas seleccionadas son el Clarín y la Nación.
En la composición de la muestra se obtuvo un total de 353 publicaciones periódicas tras una filtración inicial de los resultados originales. Posteriormente se codificaron las declaraciones de los representantes políticos extraídas de los artículos periódicos, que conforman las unidades del corpus de análisis (N total = 358).
Tabla 1
Selección de casos y relevancia electoral de la derecha mainstream y derecha radical (2015-2023, primera vuelta)
Fuente: Elaboración propia
Tabla 2
Selección de casos y periodo para el análisis de campaña de la derecha
mainstream (2015-2023)
Fuente: Elaboración propia
Al procesar los datos del corpus en el análisis de campaña, la estrategia adoptada
es principalmente cualitativa. Además de una presentación descriptiva de
la frecuencia de las categorías establecidas a partir de los discursos de los candidatos
durante las campañas, se propone un análisis de contenido cualitativo a
través de la codificación de frases. Este procedimiento consiste en “verificar la
presencia de temas, palabras o conceptos en un contenido y su sentido dentro
de un texto en un contexto” (Arbeláez Gómez y Onrubia Goñi 2016,
19). Para la codificación de los enunciados de las respectivas candidaturas y
el estándar de categorización, se recurre a una estrategia precategorial basada
en la clasificación del Comparative Manifestos Project (CMP) (Lehmann et al. 2025). Esa decisión metodológica responde a la utilidad del marco
categorial que brinda dicho proyecto para mapear la preferencia política de
los partidos en diferentes ejes temáticos. Ese marco ha mostrado su eficacia
en los estudios sobre partidos políticos en diferentes latitudes, incluida
América Latina (Alenda et al. 2024; Ares y Volkens 2017; Miranda
Olivares et al. 2022).
Para calificar las declaraciones como posturas promercado o pro-Estado, se
adopta la estrategia categorial de Volkens y Merz (2015) (Tabla 3). En cuanto
a la dimensión sociocultural, se emplean las categorías “cuestiones morales”,
“inmigración” y “seguridad” para la operacionalización de la codificación
(Abou-Chadi y Krause 2021) (Tabla 4). No obstante, el análisis no se limita
a las categorías enumeradas, sino que contempla una estrategia abierta para
incluir afirmaciones cuyo significado no se ajuste a ellas (por ejemplo, aquellas
vinculadas con la eficiencia gubernamental y administrativa —per303—).5
En la discusión sobre su relación con la democracia, el análisis se enfoca
en las referencias al marco democrático, el eje pluralismo-antipluralismo
(Medzihorsky y Lindberg 2023) y las declaraciones vinculadas con la
última dictadura (Tabla 5), en consonancia con lo expuesto en términos teóricos
en la sección anterior.
Tabla 3
Categorización de las categorías socioeconómicas para el análisis de campaña
Fuente: Elaboración propia con base en Volkens y Merz (2015)
Tabla 4
Categorías relacionadas a las cuestiones morales, seguridad e inmigración
para el análisis de campaña
Fuente: Elaboración propia con base en Abou-Chadi y Krause (2021)
5. El partido pragmático que va más allá de izquierda y
derecha en 2015
El primer momento en que Macri se presentó como la carta presidencial se
insertaba en un contexto marcado por el agotamiento del modelo económico,
los escándalos de corrupción y una creciente conflictividad social entre los grupos
empresariales y los gobiernos kirchneristas (Gené y Vommaro 2023). En
este sentido, emergió un giro hacia una derecha moderada a nivel regional, que
intentó construir su legitimidad de gobierno sobre la base de la eficiencia en la
gestión más que en la ideología (Pelfini 2020), lo que refleja la búsqueda del
poder por parte de una derecha electoral que reconoce a las elecciones democráticas
como único canal de acceso al poder.
Como partido de carácter pragmático encaminado a la causa de “ganar el
poder”, la lógica maximalista en la búsqueda de votos lo obligó a enfrentar
una serie de desafíos electorales. Mientras compensó el déficit en sus estructuras
organizativas a nivel subnacional mediante la alianza con la Unión Cívica
Radical (UCR), partido centenario que ostenta una implantación territorial
más arraigada (Vommaro 2019), la tarea de construir una marca partidaria
que lo distinguiera de las fuerzas tradicionales condujo a un enfoque programático
centrado en la renovación de “la forma de hacer política”, basada en la
gestión y la administración (Morresi 2015).
En la competencia electoral de 2015, la agenda del PRO tuvo como
objetivo central desligarse de la imagen tradicional de la derecha argentina
(Bohoslavsky y Morresi 2016). Uno de sus mayores esfuerzos se orientó
a moderar su posición en temas económicos y fue la única instancia electoral
en la que se registraron más referencias positivas al Estado en la vida socioeconómica
que al mercado (Gráfico 1). Por un lado, el partido incorporó elementos
promercadistas que permiten calificarlo como un proyecto de derecha. Su
discurso se centró en el crecimiento económico y en la ortodoxia monetaria en
pos de reducir la inflación. Entre las propuestas, la mención al levantamiento
del “cepo”, medida oficial que restringía la compra y venta de divisas extranjeras
en Argentina, constituyó la única medida anunciada.
Por otro lado, en un contexto en el que el legado del ciclo kirchnerista gozaba
de un alto nivel de aprobación social (Vommaro y Gené 2022), el entonces
candidato Macri destacaba la importancia de la presencia del Estado en la
esfera pública, pero subrayaba la necesidad de una administración más eficiente
en beneficio de la ciudadanía. En este sentido, aludía a su gestión durante su
mandato en el gobierno de la capital federal a fin de validar el argumento:
[…] no hay dudas de que el Estado está más presente y funciona mucho mejor en la
ciudad de Buenos Aires que en la provincia de Buenos Aires. Ahí están los ocho años
de gestión de cada uno.
[…] La gestión de la ciudad marca lo contrario, y si la gente decide confiar, van a ver
que voy a trabajar para todos los argentinos, en especial para los que menos tienen.
Que me juzguen por lo que haya avanzado con relación a trabajar por la pobreza
cero en el país”.6
Por ello, se comprometió a no retroceder en determinadas políticas económicas
importantes del kirchnerismo, como la mejora de la administración de empresas
estatales emblemáticas, entre ellas Aerolíneas Argentinas y Yacimientos
Petrolíferos Fiscales (YPF), en lugar de privatizarlas. Asimismo, aseguró el
mantenimiento de los planes sociales, incluida la Asignación Universal por Hijo
(AUH).7 En la misma línea, la candidata a la vicepresidencia, Michetti, afirmó
que los planes sociales no son “regalos” ni “dádivas”, sino “derechos constitucionales
que tiene la gente que vive en situaciones de pobreza” (Solá 2015).
En su intento por disipar el temor a los retrocesos en los derechos sociales
asociados con la derecha (Luna y Rovira Kaltwasser 2014), Macri
expresó en reiteradas ocasiones su preocupación por la pobreza, los jubilados
y los trabajadores (Redacción Clarín 2015a
; 2015b), y prometía “terminar
con la pobreza, la exclusión social y desigualdad” (Bullrich 2015). Asimismo,
tomó una clara distancia de la experiencia neoliberal del gobierno de
Carlos Menem (1989-1999), al sostener que los argentinos no estaban condenados
a elegir entre gobiernos populistas o neoliberales que aplicaran ajustes
(Redacción Clarín 2015c; Bullrich 2015), y calificó el proceso de privatización
de los años noventa como una experiencia negativa.
Otro punto de diferenciación respecto del imaginario convencional de la
derecha argentina radicó en su relación con la democracia. Dado que históricamente
la derecha argentina está asociada con los regímenes autoritarios por su
participación en ellos (Bohoslavsky y Morresi 2011), el PRO introdujo
como novedad su compromiso con la democracia liberal, pese a ser una fuerza
electoral de derecha (Morresi 2015). En la candidatura de Macri se registraron
numerosos pronunciamientos a favor del orden constitucional y de las
formas democráticas. Resultaron especialmente llamativas sus apelaciones a la
convivencia democrática con los disidentes ideológicos, acompañadas por un
llamado a la “unidad nacional” y al diálogo transversal sin confrontación. Este
mensaje se evidenció cuando afirmó que “el peronismo no es autoritarismo ni
el narcotráfico, al que hay que echar del país” o cuando sostuvo que “el Perón
de los años setenta entendía la importancia de la unidad. Y más que nunca
quiero levantar esa bandera. Tenemos que unir al país, ya probamos con la confrontación
y nos fue mal” (Rosemberg 2015a). Asimismo, destacó las virtudes
de los actores políticos que no compartían la ideología del PRO, al afirmar
que “de los radicales destaco la defensa de las instituciones; de los peronistas, la
defensa del trabajo y la justicia social” (Rosemberg 2015b
).
En resumen, el eje de la campaña se destinaba a despejar el temor al “cambio”
y a convencer a sectores más amplios en torno a una agenda liberal-conservadora
(Bohoslavsky y Morresi 2016). Las promesas programáticas
se concentraron en mantener los avances alcanzados en materia de derechos
sociales, mejorar la gestión y optimizar la eficiencia administrativa del Estado.
Se propuso un cambio cultural en la forma de “hacer política”, basado en la
probidad y la integridad, en contraposición con el kirchnerismo, encarnado
en el populismo y la corrupción (Vommaro y Morresi 2015). Pese a su
inclinación ideológica hacia la derecha, el partido mostró cierta reticencia a ser
catalogado como tal, tanto por la relativa escasa identificación ciudadana con
esa etiqueta como por la carga histórica de la derecha argentina fuertemente
asociada al autoritarismo. Exhibió, en este sentido, varias características de
una derecha mainstream (Akkerman et al., 2016; Rovira Kaltwasser, 2024): moderación programática, énfasis en los temas socioeconómicos junto
con la omisión de los temas valóricos y reafirmación de su compromiso con la
democracia como forma de consolidarse como un actor legítimo dentro del
sistema partidario.
6. La avanzada hacia una derecha más nítida en 2019
El paso de la centroderecha por el gobierno constituyó una experiencia
fallida: no logró implementar las reformas económicas que buscaba, tanto
por la resistencia de las coaliciones sociopolíticas vinculadas con el kirchnerismo
(Vommaro y Gené 2022) como por las divergencias programáticas
dentro de su propia coalición (Vommaro 2019). Los resultados derivados de
las políticas económicas fueron decepcionantes y el periodo concluyó con un
incremento de la inflación. En su intento por alcanzar la reelección, la coalición
oficialista Juntos por el Cambio se encontraba en una encrucijada, con apoyos
sociales y políticos menguantes para enfrentar a un peronismo unificado: el
Frente de Todos (FdT). Este desgaste en la relación con las y los votantes es
particularmente sensible en su vínculo con la élite económica, considerada un
componente esencial de sus core constituencies (Gibson 1996), aunque presentó
señales de descoordinación con el gobierno (Gené y Vommaro 2023).
Al mismo tiempo, la desafección en otro sector del electorado de derecha surgió
a partir del debate del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo
(IVE), habilitado por el entonces presidente Macri, que llegó a dividir las posiciones
entre los propios legisladores oficialistas.
Hacia el final de los cuatro años de gobierno se cristalizó la aparición de opciones
electorales a la derecha del PRO, con agendas más conservadoras en el plano
cultural y más liberales en el económico: el Frente NOS, liderado por el exmilitar
Juan José Gómez Centurión y el Frente Despertar, encabezado por el economista
liberal José Luis Espert. Ambas candidaturas identificadas con una
derecha más radicalizada lograron sortear el umbral de las Paso y acceder a
las elecciones generales, aunque su desempeño electoral resultó principalmente
testimonial, al obtener en conjunto cerca del 5 % de los votos.
En este escenario adverso, la candidatura de Mauricio Macri adoptó, en
primer término, una inclinación más definida a favor del mercado frente a
las de intervención estatal (Gráfico 2). La política de apertura económica y el
libre comercio fue uno de los ejes más destacados en sus afirmaciones. En las
instancias multilaterales, Macri participó activamente en la defensa del intercambio
comercial entre los países y de su implicancia en el crecimiento económico,
además de resaltar la gestión de Cambiemos en sus políticas de apertura.
Se refirió al acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea
como el “camino definitivo” para que el país “salga del atraso y el aislamiento” (Redacción Clarín 2019a
). Así, estableció un contraste con el kirchnerismo
entre el modelo de Cambiemos, basado en la “apertura al mundo” y la “libertad”,
y otro que, según su interpretación, encerraba al país con un “espíritu cartonero”
y abría una puerta de ingreso “al chavismo” (Rosemberg 2019).
En el rumbo económico, también se alejó del eufemismo empleado en la elección
presidencial pasada y ratificó el ajuste de la economía según el acuerdo
con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras verse obligado a solicitar
al organismo multilateral un préstamo histórico en 2018. Su retórica se tornó
más polarizante al plantear la elección entre la ortodoxia económica y “el populismo”.
En esa línea, se comprometió a profundizar las reformas financieras y
afirmó: “Estamos empezando a salir, ahora hay que acelerar. […] para tener
una economía más competitiva, con un Estado que saque la pata de encima
con impuestos distorsivos” (Redacción Clarín 2019b). Además, quedó
expuesta su relación conflictiva con los sindicatos, a los que señaló como parte
del problema que se lucraba del Estado y entorpecía el funcionamiento de la
vida económica (Jastreblansky 2019
).
En cambio, las menciones favorables a la intervención estatal ocuparon una
proporción menor en su campaña. Se registraron algunos anuncios vinculados
con la expansión del Estado de bienestar y el control de la economía, como los
aumentos extraordinarios para los beneficiarios de la AUH y el congelamiento
por noventa días del precio de los combustibles. Estas medidas se adoptaron
en un contexto electoral particular, pocos días después de su derrota por casi
veinte puntos en las Paso frente al candidato peronista Alberto Fernández.
En este sentido, constituyeron medidas de alivio puntuales con fines electorales,
orientadas a contrarrestar los resultados adversos de su gestión y a impulsar
una eventual recuperación política.
Se destaca en esa campaña su posicionamiento en torno a las cuestiones
morales propias de la agenda conservadora. Antes de llegar a la presidencia,
el propio Macri introdujo el tema a la agenda de forma ambigua, debido a las
posiciones divididas dentro del partido. Sin embargo, la postura que adoptó
durante su actividad electoral resultó clara y contundente: hacia el final de
la campaña declaró estar en contra del aborto y “a favor de las dos vidas”
(Redacción Clarín 2019c).
Esta estrategia resultaría incomprensible sin considerar la amenaza de una
derecha radical que concentraba su plataforma política en la moralidad tradicional,
representada por el Frente NOS. El candidato presidencial de dicho
partido no solo apuntó sus críticas contra el progresismo, sino también contra
el propio macrismo al aseverar que “él [Macri] mandó la ley (del aborto) al Congreso y se compromete a no vetarla. No da la impresión de ser una conducta
pro-vida” (Gil Vidal 2019). Ante esta amenaza de su derecha, el candidato
Macri procuró asegurar su electorado conservador y evitar la fuga de
votos mediante la reiteración de su oposición al aborto durante la campaña.
Su compañero de fórmula, Miguel Ángel Pichetto, un peronista disidente
del kirchnerismo, complementa el perfil más nítido de derecha de esa opción
electoral. En el plano económico, criticó la intervención estatal, en particular
los acuerdos de precios y salarios. Señaló con frecuencia la necesidad de reducir
el Estado de bienestar y sostuvo que los planes sociales habían hecho perder la
cultura de trabajo y consolidado “una estructura de pobreza”, al considerar que
“los sectores medios, los trabajadores tengan que sostener con sus impuestos una
estructura de gente que no trabaja es inviable” (Redacción Clarín 2019d).
Por otro lado, su retórica reforzó el eje de “ley y orden” de la campaña en
torno a la lucha contra el narcotráfico. En esta materia, vinculó de manera
explícita la llegada de extranjeros con los problemas de seguridad, al afirmar:
“Yo no tengo problema con quienes vienen a trabajar a nuestro país, pero son
muchos también los que vienen a cometer delitos” (Redacción Clarín 2019e). En consonancia con sus críticas a la política de “puertas abiertas” hacia
la inmigración delictiva, enfatizó la necesidad de aplicar la expulsión inmediata
y establecer un control más estricto del ingreso de extranjeros mediante
algún sistema de visas, al considerarlo un aspecto que amenaza la seguridad de
las y los argentinos.
Otro eje de esa campaña fue la apelación al republicanismo frente a la amenaza
populista. En este sentido, mantuvo una línea similar a la elección anterior
orientada a la defensa de la institucionalidad, los valores republicanos y la
unión de las y los argentinos. Además, hizo alusiones a la política en materia
de derechos humanos y justicia vinculada con la última dictadura. Afirmó, por
ejemplo, que “la memoria es fundamental para conocer nuestra historia y lo
que no queremos repetir en nuestro futuro” y que “los postulados de Memoria,
Verdad y Justicia siguen perdurando como políticas de Estado” (Redacción Clarín 2019f).
En general, la agenda de Macri durante la campaña de 2019 evidenció
un giro hacia una identidad de derecha más nítida. En las declaraciones de
la fórmula Macri-Pichetto, los pronunciamientos referentes del libre mercado adquirieron una relevancia destacada. Se consolidó la articulación entre kirchnerismo,
sindicalismo, movimientos sociales y beneficiarios de ayuda estatal,
presentados como sectores que se han apropiado del Estado (Kessler et al.
2025) y que construyen una estructura empobrecedora para el país, sostenida
por la gente trabajadora mediante los impuestos. Ese discurso, característico
de la derecha argentina en la etapa posdictadorial, fue identificado por Iglesias
(2024, 176) como el discurso de la “Argentina productiva”, el cual se basa en
la meritocracia y la desigualdad social, y describe un grupo social que trabaja
y, con sus frutos, solventa otro que “no trabaja y es manipulado por la clase
política en su propio beneficio” (2024, 176). En esa construcción semántica
destaca el componente nativista de la derecha mainstream argentina en esa instancia
electoral. Se construye un outgroup en contra de las y los inmigrantes,
rechazados no tanto por su diferencia étnica o cultural, sino por considerarlos
una amenaza al bienestar material de los grupos nativos. Esta dimensión
marca una diferencia con la derecha radical europea, que sostiene la exclusión
de inmigrantes por razones raciales o culturales (Mudde 2019).
Resulta pertinente, además, la incorporación de elementos culturales
conservadores en la agenda de campaña de Macri. Mostró una tendencia de
confluencia entre dos tradiciones de la derecha argentina: la nacionalistareaccionaria
y la liberal-conservadora. Este fenómeno ocurrió en un contexto
de competencia electoral marcado por un quiebre en la derecha. Quienes se
oponían a la derecha del PRO compartían el diagnóstico de que la presidencia
de Macri había resultado insuficientemente derechista y que sus bases de
activistas tenían como pieza fundamental a sectores cambiemitas8 desencantados,
que preferían alternativas identificadas con mayor nitidez con la derecha.
Bajo esas dinámicas, como se reflejó en las campañas, la candidatura de Macri
incorporó matices que recogían las demandas y críticas provenientes de sus
competidores de derecha, especialmente en torno a la profundización y aceleración
de las reformas promercado y la oposición al aborto legal.
Por último, en su relación con la democracia no se advierten cambios significativos
en comparación con el periodo anterior. Las referencias a las políticas
de justicia y derechos humanos, la defensa de las instituciones republicanas y el
respaldo al proceso democrático constituyeron uno de los ejes principales de su discurso. En este aspecto, no se identifican elementos que permitan asegurar
una desviación del marco conceptual propio de una derecha mainstream comprometida
con la democracia liberal.
7. Una derecha mainstream desdibujada en medio de la
disputa por la hegemonía de la derecha en 2023
La derrota electoral de 2019 profundizó la fisura interna de la derecha tradicional,
que se manifestó de manera cada vez más evidente tanto en el partido
como en la coalición. A partir de dos diagnósticos sobre el resultado, se perfilaron
dos estrategias frente a los actores sociopolíticos (Gené 2024). Una,
liderada por el entonces jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta,
defendía la identidad del PRO y el énfasis en la gestión, mientras que la otra
apostaba por una identidad de derecha más nítida, orientada a evitar la amenaza
de la fuga de votos hacia la derecha radical. Esta última opción, encarnada
por la entonces presidenta del PRO, Patricia Bullrich, ganó terreno dentro del
espacio político, con guiños de apoyo del expresidente Mauricio Macri.
Cabe mencionar que esa diferencia se había agravado desde la irrupción
de la opción de derecha radical representada por Javier Milei en las elecciones
legislativas de 2021. En esa instancia, LLA obtuvo un 17 % de los votos en la
Ciudad de Buenos Aires (Ministerio del Interior 2021), bastión tradicional
del PRO. Eso generó señales de alerta entre los dirigentes del partido
amarillo y anunció una disputa por la hegemonía al interior del espacio de
las derechas en las elecciones presidenciales. Esta pugna interna se tradujo en
una disputa de poder intensa y en unas Paso en las que Bullrich resultó ganadora,
convirtiéndose en la abanderada de la derecha tradicional en los comicios
generales. Junto con su compañero de fórmula, Luis Petri, proveniente del
radicalismo, Bullrich enfrentó unas elecciones de tercios: la derecha tradicional,
la candidatura peronista del entonces ministro de economía Sergio Massa
y la fórmula de LLA, integrada por Javier Milei y Victoria Villarruel, quienes
se encontraban en ascenso en las encuestas y obtuvieron cerca del 30 % en las
Paso de ese mismo año (Ministerio del Interior 2023).
En cuanto al aspecto predominante de la derecha tradicional en 2023, se
observa no solo una continuidad de la tendencia hacia la derecha en términos
económicos, sino también una profundización de esa orientación (Gráfico 3).
En medio de una crisis inflacionaria que atravesaba el país, la candidata delPRO compartió con su adversario libertario una agenda centrada en el equilibrio
fiscal y el ajuste económico. En esa línea, afirmó que su gobierno sería
“el más austero que recuerde la República Argentina” (La Nación 2023a)
y que habrá “una austeridad al palo” (Moreno 2023). Bajo la consigna
“En Argentina no se emite más” (Vázquez 2023a), propuso la reforma de
la Carta Orgánica del Banco Central que “va a establecer la prohibición, el
impedimento de los cepos” (Vázquez 2023b), además de la prohibición de
emitir (Naishtat 2023). En este sentido, su oferta trascendió las herramientas
económicas e incluyó reformas institucionales orientadas a garantizar la
ortodoxia económica.
Prometió también el levantamiento inmediato de los cepos y las retenciones
a las exportaciones, junto con la reducción de la presión impositiva que
consideraba “antiproducción” y la aplicación de un “capitalismo de reglas
[…] donde cada uno tenga la posibilidad de crecer porque a la autopista del
Estado se le terminan los obstáculos” (La Nación 2023a). Además, justificó
su compromiso con la reducción del Estado al sostener que “la sociedad gasta
la plata mejor que el Estado” y que “el Estado va a garantizar lo que tiene que
garantizar: salud, educación, fuerzas armadas equipadas y fuerzas de seguridad”
(La Nación 2023a).
En esas venas, continuó las líneas discursivas de la meritocracia presentes
en las elecciones de 2019. Aseveró la necesidad de limitar al Estado de
bienestar, al considerar que las personas que reciben planes sociales forman
parte de un modelo estatal vicioso. En consecuencia, propuso que “en cuatro
años no queda ningún plan social en Argentina y todo el mundo a trabajar”
(González del Solar 2023).
De manera similar a la retórica de un Estado capturado por el kirchnerismo
presente en periodos anteriores, identificó un Estado “trabado” y “colonizado”
(Vázquez 2023b), como “la cueva de La Cámpora” (Vázquez 2023c), que
“le saca (dinero) a la gente para concentrarlo en una burocracia corrupta que se
queda con todo” (Azarkevich 2023). Asimismo, profundizó la hostilidad
hacia el sindicalismo, tendencia que ya se había evidenciado en la última candidatura
de Macri. En las retóricas de Bullrich, el sindicalismo fue equiparado
a las mafias que trababan las reformas y se lo presentó como componente distorsivo
del funcionamiento normal de la vida económica.
A pesar de los elementos que permiten pensar en una asimilación con la derecha
radical, existen ciertos matices que evidencian un intento de desmarcarse
y presentarse como una “alternativa seria”. Esta distinción se reflejó, principalmente,
en una postura afirmativa respecto del rol del Estado y de los servicios
públicos, en lugar de promover su privatización. Se opuso a la idea de privatizar
el sistema universitario, propuesta por el candidato libertario, y marcó
así una diferencia con la derecha radical mediante la defensa de la educación
pública, el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas y la salud pública,
en rechazo a una “sociedad de mercado” (
Origlia 2023a
). Del mismo modo,
alegó: “Nosotros somos otra sociedad [que los libertarios]. Somos la sociedad
que cree en la educación pública. Que cree en la formación. Que cree que la
educación es la puerta de salida al bienestar y al progreso” (González del Solar 2023). También tomó distancia de otras propuestas de reforma de
mayor radicalidad del candidato libertario, como la dolarización y la eliminación
del Banco Central.
Por otro lado, es importante destacar la predominancia de las referencias a
la “ley y orden” en la campaña de Bullrich, quien, como exministra de Seguridad
durante el gobierno de Macri y en reacción a los episodios de saqueos a
supermercados, comentó: “Antes que nada quiero hacer una breve mención
a lo que está pasando en estos días: caos, desorden, una sociedad sin ley”
(La Nación 2023a). Su lucha trascendió la lucha contra la delincuencia y el
narcotráfico, al sostener que el problema que enfrentaba el país tenía su raíz en
la pérdida del “orden”: “[…] la gobernabilidad es cambiar el caos por orden. La
anomia se debe reemplazar por la ley” (Origlia 2023b). En ese plano, señaló
al sindicalismo y a los movimientos sociales como responsables del problema,
y propuso una política de “mano dura” contra ellos. Aseguró, por ejemplo, que
“los porteños son víctimas de los piquetes9 y de los paros” (La Nación 2023b)
y que “ningún policía, ningún gendarme necesita una orden para desalojar un
piquete” (Vázquez 2023a).
En este aspecto, la candidata fue complementada por su vicepresidente Luis
Petri, con quien compartía una agenda similar enfocada en la seguridad y el orden
social. Petri, además de enfatizar en la necesidad de aplicar consecuencias penales a las protestas consideradas “violentas”, partió del diagnóstico de que existía
un gobierno cómplice del sindicalismo. Señaló al entonces gobierno peronista
como responsable del desorden, al suponer una alianza entre los piquetes y el
oficialismo, ambos ubicados en oposición al interés ciudadano. Esta construcción
antagónica permitió a la fórmula de derecha mainstream justificar políticas
de carácter abiertamente represivas en pos de recuperar el orden.
Otra particularidad observable en la candidatura de Bullrich consiste en
las líneas nativistas de su discurso. En consonancia con la postura de Pichetto
en 2019, su rechazo a la inmigración no se argumentó con base en motivos
culturales o étnicos, sino en una amenaza a la distribución de los recursos del
Estado, favorable a la población migrante pobre en detrimento de los grupos
nativos (Díaz et al. 2023
). Los discursos de la candidata de centroderecha se
inscribieron en esa dirección al afirmar que “las universidades argentinas están
vacías de alumnos argentinos porque casi la mitad de la matrícula la ocupan
alumnos extranjeros que vienen y toman esos lugares” (Redacción Clarín 2023). Los servicios básicos, como la salud y la educación, se convirtieron
en flancos abiertos para que la presidenciable desarrollara un razonamiento
xenofóbico apelando a la lógica de que los extranjeros llegaban a apropiarse de
recursos limitados. Se evidenció una hostilidad hacia los exogrupos cuando
estos se perciben demasiado cerca de los nativos, lo que genera la sensación de
una amenaza a su interés material (Rydgren 2008, 740, 743).
Por último, su relación con la democracia liberal es más compleja. En sus
declaraciones sobre la democracia abundaban las referencias a la institucionalidad
y a los procesos democráticos. Intentó, en varios momentos, marcar una
distancia explícita respecto de su adversario de derecha. Así ocurrió cuando se
diferenció de Milei tras su propuesta de plebiscitar la ley del aborto: “A mí me
parece que los países tienen que respetar los procesos legales. Aquellas leyes que
se han votado son leyes que están vigentes” (Iglesias 2023). También expresó
condenas a la última dictadura al cuestionar a Milei que “se pasó un poco al
negar la dictadura” (Serra 2023
) y al afirmar que “el accionar de la dictadura
militar en la Argentina no es un tema de números y que matar 8000 personas
o 30 000 es una barbaridad. Argentina tuvo desaparecidos y brutalidades por
parte de la dictadura” (La Nación 2023c). Estos elementos permiten confirmar
que, en determinados momentos, Bullrich buscó mantener la marca de una centroderecha moderna defensora del marco democrático y diferenciada
de la derecha radical.
En paralelo, no faltan señales alarmantes en sus enunciados que dan pista
de una posible desviación de su compromiso con la democracia liberal. En primer
lugar, se advierte una concentración de recursos argumentativos basados
en insultos o descalificaciones personales. Durante la campaña recurrió con
mucha frecuencia a referencias agraviantes e insultos en pos de descalificar a
sus adversarios políticos: a Javier Milei lo describía como “el loco”; a Cristina
Fernández de Kirchner y sus aliados como ladrones, corruptos, mafiosos y
“chorros”.10 Aprovechó, por ejemplo, el escándalo del entonces intendente de
Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, e intentó capitalizarlo mediante un
lenguaje de difamación o ironía: “Vine a Lomas de Zamora porque la pornografía
brutal de Insaurralde ha sido lo que nos ha llenado el vaso de veinte años
de robo […] en Insaurralde hemos visto la corrupción kirchnerista” (Vázquez 2023d). En suma, se identifica un intento de demonización y ataques personales
al oponente mediante recursos lingüísticos emocionales y provocativos que
contribuirían a deslegitimar a otros candidatos.
Esa característica la aproxima al estilo del líder libertario, quien centró su
discurso en la permanente estigmatización, la discriminación y los ataques
contra los sujetos que considera enemigos (Fair 2025). A través de burlas,
insultos, amenazas, agresiones verbales y otros agravios, Milei manifestó una
actitud beligerante hacia las personas que reciben asistencia estatal, los trabajadores
públicos, la comunidad feminista de diversidad sexual (Berdondini
y Vinuesa 2024), así como hacia el establishment político, incluidas las figuras
de la derecha tradicional. A Bullrich la calificó de “montonera tirabomba”
(Infobae 2023 ), en referencia a su pasada militancia juvenil peronista. Este
estilo lo demostraba ya en 2021, cuando denostó al entonces jefe de Gobierno
porteño, Larreta, con expresiones como “zurdo de mierda” y “te puedo aplastar
aún en silla de ruedas” (Infobae 2021
).
Por otra parte, el discurso de campaña de Bullrich expresó una negativa
contundente al consenso y la negociación con quienes mantienen una divergencia
significativa. En este sentido, la candidata se negó de forma explícita a acordar con el kirchnerismo, las organizaciones piqueteras y gran parte
del sindicalismo, y avanzó incluso hacia la extinción de una ideología
opuesta al afirmar que “hay que desarmar ideologías que le han hecho mal
a la Argentina” (La Nación 2023d). Su compañero de fórmula, Luis Petri,
reforzó esta idea. Por ejemplo, sostuvo: “Excluyo a todos los que nos trajeron
hasta acá” (Ybarra 2023
).
Este es un dato no menor, ya que uno de los rasgos esenciales de la democracia
liberal reside en el reconocimiento de la inevitabilidad y la conveniencia
de las diferencias en la sociedad (Medzihorsky y Lindberg 2023). En su
candidatura se advierte un desdén hacia los procesos democráticos de negociación
y acuerdo, así como una disposición franca a imponer la voluntad propia
sin considerar los derechos de otros grupos. La constante alusión a una especie
de deslegitimación y destrucción de un sector político con una convicción
ideológica distinta permite inferir un compromiso limitado con el pluralismo
(Levitsky y Ziblatt 2018).
En este sentido, la negación hacia los oponentes políticos y sus coaliciones
sociopolíticas también muestra similitudes con la derecha radical: en LLA predomina
una perspectiva escéptica de la política democrática y un desprecio por
la construcción de acuerdos, considerada una práctica funcional a los intereses
de “la casta” (Belloni 2023). Al mismo tiempo, su tensión con la democracia
surge de los contornos antipluralistas delineados por la familia nacionalistareaccionaria
que integra su espacio, “en los que la razón y la verdad tienen que
imponerse sobre los acuerdos, las trabas institucionales y las fuerzas sociales
que las resisten” (Morresi y Vicente 2023, 73). Su desprecio y, con frecuencia,
los ataques verbales dirigidos a los sectores vinculados con el Estado, expresados
por sus referentes, reflejan su intolerancia hacia el pluralismo al justificar
el retroceso de los derechos de estos sectores sociales, considerados problemas
para el desarrollo del país.
En general, el perfil de la derecha mainstream en 2023 presenta señales
puntuales favorables al Estado y al marco democrático, lo que la distancia de
la radicalidad de su oponente a su derecha. No obstante, se advierte una explicitación
más nítida de su componente ideológico de derecha. Al comparar
los ejes redistributivos con el perfil de LLA, ambas formaciones comparten
el diagnóstico de la existencia de un Estado proveedor de servicios públicos deficitarios, incapaz de resolver los problemas económicos y convertido en un
impedimento para el progreso personal. Esta visión se traduce en las propuestas
comunes de ambas derechas respecto de la desregulación económica y la
eliminación del déficit fiscal. A su vez, en ambos imaginarios aparece una élite
política que monopoliza los recursos públicos en beneficio de intereses minoritarios.
En ese sentido, ambas derechas exploran el mismo mundo de votantes
ubicados en el eje antiperonista y que sintonizan con una oferta de derecha,
pero LLA la radicaliza mediante propuestas como la dolarización. Además,
mientras la derecha tradicional también forma parte de ese establishment político
(Morresi y Vicente 2023), denominado “la casta” en el discurso libertario,
el espacio antagónico lo ocupa el kirchnerismo y sus coaliciones sociopolíticas
en el caso de la derecha tradicional (Kessler et al.
2025).
La derecha demostró, al igual que en la elección de 2019, ciertos matices
nativistas reflejados en su rechazo hacia las y los inmigrantes. Es pertinente
señalar que la actitud xenofóbica de la derecha mainstream se fundamenta en
la percepción de una amenaza a los recursos materiales de los propios argentinos.
Esta postura difiere de la de algunas fracciones nacionalistas-reaccionarias
de LLA, que basan su rechazo a las y los inmigrantes en motivos cívico-culturales.
Por ejemplo, Victoria Villarruel sostuvo una posición contraria a la inmigración,
al distinguir entre inmigrantes de países africanos y los considerados
“buenos inmigrantes” (Villarruel 2018). Además, mientras la derecha radical
recurrió a núcleos como la “ideología de género” para articular su ofensiva
contra la intervención estatal (Berdondini
y Vinuesa 2024; Morresi
y Ramos 2023; Morresi y Vicente 2023), dicha herramienta no formó
parte del repertorio de la derecha tradicional, que continúa apelando al clivaje
peronismo-antiperonismo.
El eje central del orden social en la derecha tradicional adquiere relevancia
en este caso, dado que refleja un carácter autoritario que se volvió saliente en
dicha contienda electoral. Según ese componente ideológico, la sociedad debe
estructurarse de una manera determinada y correcta, y las infracciones a ese
orden deben recibir castigos severos (Mudde (2007). Como señalan diversos
autores, el autoritarismo constituye un núcleo que caracteriza a la ultraderecha
latinoamericana (Kestler 2022; Borges y Zanotti, 2024). Por ello, en
esta dimensión puede afirmarse un desplazamiento de la derecha mainstream argentina hacia lo que Borges y Zanotti (2024) conceptualizaron como “ultraderecha
dura”.
Finalmente, es llamativo el aumento de elementos antipluralistas en el discurso
de la derecha tradicional. Mientras una derecha mainstream se distingue
por la aceptación de los principios de la democracia liberal, el uso de narrativas
que demonizan y deslegitiman a los oponentes políticos aleja a la fórmula
Bullrich-Petri de esta dimensión “mainstream” y posibilita la asimilación a la
derecha radical y a su referente Milei debido a su carácter antipluralista.
8. Conclusión
Este estudio permite visualizar los cambios en la agenda del PRO en el contexto
del ascenso electoral de la derecha radical. A partir de las evidencias
empíricas, se comprueba, en términos generales, un proceso de explicitación de
los componentes ideológicos de derecha en sus campañas, que se procuraban
atenuar en 2015 (Vommaro y Morresi 2015), así como una estrategia de
asimilación en respuesta a la creciente relevancia electoral de la derecha radical,
tal como señalaron diversos antecedentes.
Si bien se incorporaron temas socioculturales y aumentaron las menciones
a estos en las dos últimas elecciones, la predominancia de los asuntos socioeconómicos
se mantuvo a lo largo del periodo analizado. En el ámbito socioeconómico,
el discurso pasó de enfatizar la gestión y la eficiencia en la administración
del Estado a adoptar una narrativa contraria a este. En las dos elecciones más
recientes, el PRO asumió una postura más nítidamente neoliberal en su propuesta
económica, con iniciativas orientadas a la desregulación, el equilibrio
fiscal y la reducción del Estado. Este cambio de énfasis en materia económica
alerta una radicalización del PRO que difumina la frontera entre la derecha
mainstream y la derecha radical, dado que esta última se caracteriza por una
agenda neoliberal más extrema en América Latina (Rovira Kaltwasser, 2024; Rovira Kaltwasser y Zanotti 2023).
En líneas similares, la construcción de una élite política y sus aliados sociopolíticos
que obtienen beneficios a costa de “la gente que trabaja” en favor de
intereses minoritarios empezó a cobrar presencia desde 2019. La incorporación
de las y los extranjeros como enemigos que amenazan el interés material (recursos y seguridad) de los nativos en 2019 y 2023 sugiere otro punto de
asimilación con la derecha radical en su componente nativista (Mudde, 2007;
2024). Sin embargo, las narrativas revelaron diferencias respecto de la postura
xenofóbica de algunas fracciones de la derecha radical argentina, que la fundamentan
en factores culturales.
La apelación a los temas de seguridad y orden se mantuvo constante a lo
largo de las instancias electorales. No obstante, el énfasis en esta cuestión
adquirió mayor significación en las dos últimas elecciones y el carácter autoritario
de la fórmula Bullrich-Petri en 2023 resultó aún más saliente. Dada
la centralidad del autoritarismo en la versión latinoamericana de la ultraderecha
(Borges y Zanotti, 2024; Rovira Kaltwasser, 2024), se refuerza el
acercamiento de la derecha mainstream a la derecha radical en esta dimensión.
En contraste, el conservadurismo moral no presentó continuidad ni alcanzó
gran importancia en el periodo analizado, salvo en 2019. En este caso respondió
a un intento de capturar votos conservadores frente a una amenaza electoral
proveniente de la tradición nacionalista-reaccionaria y se concentró en el
debate específico sobre el aborto.
En su relación con la democracia liberal, el PRO ha mostrado constancia
al recurrir al eje republicano e institucional en rechazo del populismo, característica
de origen liberal-conservador desde un punto de vista sociohistórico
(Vommaro y Morresi 2015). Del mismo modo, se observa un consistente
desmarque con la última dictadura militar. Sin embargo, los elementos antipluralistas
orientados a deslegitimizar a los oponentes políticos e imponer la
propia voluntad alertan tensión con la democracia liberal. En este sentido,
dicha tendencia constituye una deriva peligrosa para el marco democrático
y retoma la discusión teórica sobre la importancia del compromiso de la
derecha mainstream con la democracia. Este aspecto, que marca la diferencia
con la derecha radical (Mudde, 2007), se ha vuelto difuso en el PRO
durante la última instancia electoral y evidencia otro signo de radicalización
del partido amarillo.
Tras no acceder al balotaje en 2023, Mauricio Macri decidió apoyar la
candidatura de Javier Milei, contribuyendo a su eventual victoria. Además,
varios de sus cuadros incorporaron al gobierno libertario, mientras las y los
parlamentarios del PRO coordinan de forma estratégica con el Ejecutivo. Esta deriva permite concluir que el PRO adoptó una estrategia orientada a reconocer
y establecer alianzas con sus pares de ultraderecha en un sentido electoral.
En este contexto, existen motivos fundados para advertir el peligro de
esta movida en causar la desilusión de su marca partidaria (Lupu, 2016)), que
había representado un caso exitoso (Vommaro 2021). A su vez, resulta cada
vez más difícil distinguir entre una derecha mainstream y otra radical en la
Argentina. Este fenómeno robustece la tesis de Mudde (2024), según la cual
la legitimación de la derecha radical en el sistema político no fue producto del
mainstreaming, sino responsabilidad de los actores establecidos que, al reconocer
e incorporar las posturas radicales, legitimizan a la ultraderecha en lugar de
construir un cordón sanitario (Mudde 2019).
En este artículo se propone una correlación entre el viraje de la derecha
mainstream hacia la derecha radical y el creciente peso electoral de las fuerzas
radicalizadas. Sin embargo, no es posible atribuir dicho cambio programático
exclusivamente a la irrupción electoral de la derecha radical sin considerar otras
variables que pudieron influir. Para futuras líneas de investigación, convendría
incluir factores adicionales de análisis a fin de robustecer la inferencia causal.
Además, sería pertinente indagar acerca de las reacciones de otros partidos
de derecha mainstream tanto en la región como en otras latitudes del mundo
con fines comparativos. También requieren esfuerzos orientados a sistematizar
datos sobre la opinión pública en América Latina, en pos de comprobar
la correlación entre los movimientos programáticos de la oferta política y los
cambios en las preferencias electorales.
Conflictos de interés:
El autor declara no tener algún conflicto de interés.
Contribuciones de las personas autoras:
Xi Zhao: conceptualización, investigación, diseño de metodología, redacción (borrador original),
redacción (revisión y edición).
Autor para correspondencia:
Xi Zhao
[email protected]
Notas:
1 La persona autora declara haber recibido el siguiente apoyo financiero para la investigación, autoría o publicación
de este artículo: este trabajo contó con el apoyo de la Shanghai Academy of Global Governance and Area Studies
mediante el proyecto 2023ktq005.
2 Propuesta Republicana (PRO) es el partido referente de centroderecha fundado por el empresario Mauricio Macri
en 2005. Integró las alianzas electorales y políticas Cambiemos (2015-2019) y Juntos por el Cambio (2019-2023).
3 La decisión metodológica de incorporar la candidatura a la vicepresidencia responde a la necesidad de complementar
el perfil de la candidatura presidencial, dado que consiste en una elección estratégica de esta última. Aunque no
necesariamente fueron militantes del PRO (en 2019 y 2023), los candidatos a vicepresidente se alinearon con las
candidaturas presidenciales, participaron activamente en la campaña y complementaron su perfil programático.
4 Las Elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) se establecieron en 2009 para las elecciones
legislativas y presidenciales, con el fin de determinar qué partidos quedan habilitados para presentarse a los comicios
nacionales y definir la lista que representará a cada partido político.
5 Para la explicación de cada categoría especifica, ver el libro de codificación del CMP (Lehmann et al. 2025),
disponible en http://bit.ly/4ngM7Lz
6 Mauricio Macri en entrevista para La Nación (Rosemberg 2015a).
7 La AUH es un seguro social en Argentina, creado durante el primer gobierno de Cristina Fernández Kirchner, que
se otorga por cada hijo menor de dieciocho años cuyos progenitores estén desocupados, tengan empleos informales
o trabajen en el servicio doméstico.
8 El término hace referencia a los actores sociopolíticos que apoyaban a la coalición Cambiemos.
9 El término hace referencia al movimiento piquetero, conformado por trabajadores desocupados surgido en
Argentina a mediados de la década de 1990.
10 El término despectivo alude a las personas que roban.
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