1. Introducción
Los procesos electorales contemporáneos se desarrollan en un entorno altamente mediado, en el que los medios tradicionales continúan con un papel central en la construcción de la opinión pública. Durante las elecciones se incrementa el debate político, y los medios se convierten en fuentes esenciales de información y en plataformas para el intercambio de mensajes. Como diversos estudios han documentado, las campañas electorales constituyen un “laboratorio natural” para examinar el papel de los medios en la configuración de la opinión pública. En los contextos electorales, estos no solo conectan a los actores del sistema político con la ciudadanía, sino que también inciden en la percepción de los temas, las candidaturas y las narrativas predominantes (McCombs y Valenzuela 2020).
En sociedades como la mexicana, los noticieros de radio y televisión continúan como espacios privilegiados para la circulación de información política, especialmente durante las campañas electorales (Muñiz 2024). No obstante, la forma en que los medios presentan dicha información no siempre responde a criterios de equidad, imparcialidad o pluralismo, pues suele estar mediada por dinámicas estructurales, intereses editoriales y vínculos históricos con los actores políticos (Gómez 2020; González Macías y Echeverría Victoria 2017). Diversos estudios precisan que el sistema mediático mexicano se ha caracterizado por prácticas informativas que incluyen la editorialización, entendida como la carga valorativa subjetiva o de opinión introducida en una noticia o pieza informativa, al ofrecer información sobre las candidaturas, lo que incide en la conformación de la opinión pública (Juárez-Gámiz 2013; Flores González et al. 2018; Márquez Rodríguez 2004; Martínez Garza y Maltos 2019).
Estas prácticas resultan más evidentes en los contextos electorales, en los que el tiempo de cobertura noticiosa que se otorga a las candidaturas y la valoración de esa información puede traducirse en ventajas o desventajas significativas. En este sentido, los medios no solo informan, sino que también enmarcan los procesos políticos bajo determinadas lógicas discursivas, lo que refuerza o debilita las imágenes públicas (Marañón Lazcano y Saldierna Salas 2019). Desde la teoría de la agenda setting se ha planteado que los medios cuentan con la capacidad de influir en la opinión pública a través de la cobertura que ofrecen de los objetos que captan la atención ciudadana —como los asuntos, los partidos o las personas candidatas— durante las elecciones (McCombs y Evatt 1995; McCombs et al. 2000).
La investigación sobre cobertura electoral en México se ha concentrado principalmente en el contexto de las elecciones presidenciales (Martínez Garza y Godínez Garza 2013; 2014; Castillo Quiñónez 2014; ; Dunst 2023, Martínez y Maltos 2019). Los estudios han reportado que durante largo tiempo la cobertura electoral presentó sesgos orientados a favorecer a los actores políticos vinculados con los gobiernos (Juárez-Gámiz 2013; Martínez Garza et al. 2015; Martínez Garza y Godínez Garza 2013). Este sesgo se manifiesta tanto en un acceso no equitativo a la cobertura como en la editorialización que introduce una carga valorativa subjetiva (Echeverría 2017; Juárez-Gámiz 2013). Aunque la cobertura electoral ha tendido a volverse más equitativa y menos editorializada (Muñiz 2024), no existe plena evidencia de que este cambio se haya extendido de forma generalizada a todo el sistema mediático.
En un contexto como el de la elección presidencial mexicana de 2024 —marcado por la polarización política y el dominio de las opciones electorales gubernamentales—, resulta especialmente relevante examinar la distribución de la cobertura mediática y el tono valorativo dirigido a las distintas candidaturas. Por ello, este estudio tiene como objetivo general analizar el tiempo de cobertura y el proceso de editorialización asignado a las tres candidaturas presidenciales durante la campaña del Proceso Electoral Federal (PEF) 2023-2024, con base en los datos del monitoreo del Instituto Nacional Electoral (INE).
2. Cobertura mediática de las campañas electorales en México
Los medios de comunicación han desempeñado un papel protagonista en el proceso democrático desarrollado en México desde finales del siglo XX, que culminó en 2000 con la alternancia en la presidencia de la república tras décadas de dominio del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Sin embargo, diversos estudios han señalado de manera reiterada la parcialidad que los medios, en especial la radio y la televisión, mantuvieron durante el siglo XX como resultado de una relación corporativa que implicaba un sistema de intercambios y conveniencias entre medios y gobiernos (González Macías y Echeverría Victoria 2017; Martínez Garza et al. 2015). Dicho sistema, lejos de orientarse al interés público mediante la transmisión de información veraz e imparcial, promovía un proceso de alineamiento con los gobiernos de turno a través de sus líneas editoriales (Echeverría 2024; Gómez 2020).
Este escenario comenzó a modificarse a partir de la década de 1990, derivado de los procesos orientados a establecer un acceso mediático más equitativo para las diferentes organizaciones políticas. En este sentido, resultaron esenciales los acuerdos políticos suscritos en 1994 y los ejercicios de monitoreo implementados de forma periódica por el Instituto Federal Electoral (IFE), hoy INE, (Aceves González 2004; Martínez Garza et al. 2015; Martínez Garza y Godínez Garza 2013). A ello se sumó el proceso de modernización que abarcó una parte importante del sistema mediático mexicano, con una tendencia hacia la adopción de ciertos principios del modelo liberal, como la objetividad, el desapego político y la orientación cívica, especialmente en el entorno de los medios nacionales y en las principales ciudades (González Macías y Echeverría Victoria 2017; Lawson 2002 ).
No obstante, este proceso de modernización y profesionalización periodística no siempre parece haberse plasmado en los contextos subnacionales enmarcados en las diferentes entidades federativas del país (Echeverría 2017; González Macías y Echeverría Victoria 2017). Estudios como los de González (2013) y Espino Sánchez (2016) concluyen que esta modernización no ha sido plena, pues en parte de los medios mexicanos persiste una centralidad de las prácticas clientelares, en especial en los ámbitos locales y regionales. En consecuencia, González Macías y Echeverría Victoria (2017, 47) sostienen que dentro del sistema de medios mexicano no puede asumirse “ni una transformación general ni un estancamiento total; por el contrario, se destaca la existencia de un conjunto híbrido de prácticas con diferentes niveles de modernización”.
Si bien se ha avanzado en la profesionalización periodística y en la modernización de los medios mexicanos, aún persisten prácticas caracterizadas por el clientelismo, la falta de independencia económica y la vinculación política. Echeverría (2017, 227) considera que esta cultura periodística prolonga de forma inercial la subordinación editorial de los medios a los actores políticos. Por ello, es posible encontrar aún medios que se ajustan a las características que Gómez (2020) identifica como comunes, a inicios del siglo XXI, en los sistemas de medios de Latinoamérica y Europa del Sur: instrumentalización de los medios privados por partidos y gobiernos, politización de los medios públicos, limitada profesionalización periodística y arraigada tradición del periodismo de opinión.
Uno de los contextos que permiten observar con mayor claridad el grado de modernización alcanzado en el trabajo de los medios son los procesos electorales. En el caso mexicano, la cobertura de las campañas electorales ha mostrado históricamente esta relación entre medios y poder, lo que consolidó una lógica informativa alejada del modelo liberal de prensa, en el que la neutralidad informativa debería ser la norma (Martínez Garza et al. 2015; Martínez Garza y Godínez Garza 2013). Esta realidad, criticada desde sectores académicos y políticos, derivó en 1994 en un acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas del país tendente a garantizar la equidad en el acceso a los medios durante los procesos electorales. En este mismo marco, en junio de 1994 el IFE formuló lineamientos a través de su Comisión de Radiodifusión que recomendaban a los medios ofrecer una cobertura equilibrada, plural y equitativa (Magar y Molinar Horcasitas 1995 ).
De manera paralela a estos lineamientos, el Instituto comenzó a ejecutar monitoreos periódicos de los programas con contenido noticioso para determinar los tiempos asignados a las candidaturas, partidos y coaliciones concurrentes (Córdova Vianello 2013 ). Este tipo de ejercicios también se ha desarrollado en el ámbito académico, con el objetivo de identificar si las candidaturas recibían un trato equitativo en los espacios informativos (Arredondo Ramírez 1990 ; Juárez-Gámiz 2013; Martínez Garza 2014 ). De hecho, los monitoreos en México se han descrito como un instrumento vital para supervisar el cumplimiento de la objetividad informativa y el tratamiento equitativo de las diferentes candidaturas en la cobertura de las campañas (Aceves González 2004; Martínez Garza 2013; 2014).
Estos estudios han seguido de manera tradicional la propuesta empírica de la teoría de la agenda setting, con el propósito de determinar si la cobertura de los partidos y candidaturas era equitativa o para identificar las agendas temáticas durante dichos procesos (Martínez Garza 2014 ). Desde esta teoría se plantea que los medios cuentan con la capacidad de establecer los temas o asuntos de relevancia en la opinión pública, es decir, de definir las agendas o listados de cuestiones que las personas perciben como más importantes. Para ello, se valen de la “saliencia” o grado de importancia con que se presentan los temas seleccionados en sus contenidos informativos (McCombs 2006). Estos temas comprenden cualquier “problema social, a menudo conflictivo, que ha aparecido y es cubierto por los medios de comunicación” (Dearing y Rogers 1996 , 3), ya sea de forma constante en el tiempo o de manera coyuntural.
En el ámbito electoral, estas agendas se expanden desde los asuntos hacia los objetos, que abordan diversos aspectos susceptibles de recibir cobertura mediática (Yioutas y Segvic 2003). En particular, McCombs (2006, 138) define los objetos como “un elemento a estudiar, ya sean candidatos, un tema, una política o cualquier cosa con la que se pueda tener una actitud u opinión”. En este sentido, además de la cobertura tradicional de las propuestas electorales, los medios también dedican atención a otros aspectos, como el desempeño electoral de los partidos o sus candidaturas (McCombs et al. 1997). Así, durante las campañas, los medios no solo transfieren la saliencia de ciertos asuntos, sino también la de los partidos, coaliciones o candidaturas que compiten en ellas.
Los estudios seminales sobre la cobertura electoral en México mostraron claros ejercicios de inequidad (Flores González et al. 2018). Durante la campaña presidencial de 1988, por ejemplo, se detectó una desproporción en la cobertura en favor del candidato del partido en el gobierno (Arredondo Ramírez 1990; Juárez-Gámiz 2013). En las elecciones de 1994, aunque se observó una mejoría en términos de equidad, persistió un equilibrio en beneficio del PRI (Magar y Molinar Horcasitas 1995 ). No obstante, a partir de las elecciones presidenciales de 2000 se advierte una tendencia hacia una mayor equidad en los tiempos de cobertura (Lawson y McCann 2004; Juárez-Gámiz 2013; Martínez Garza y Godínez Garza 2013). Los trabajos desarrollados desde entonces han analizado a los partidos y candidaturas presidenciales como objetos de la agenda mediática, como pone de manifiesto la revisión efectuada por Flores González et al. (2018).
Por ejemplo, Lozano et al. (2011) analizaron las noticias de televisoras comerciales en 2006 y detectaron una cobertura equitativa entre las candidaturas principales, pero con diferencias respecto de las candidaturas de partidos minoritarios. Martínez Garza y Godínez Garza (2013) identificaron un patrón similar en las elecciones de 2012, a excepción de la televisora pública Canal Once, que ofreció una cobertura más equitativa. Sanmartín Fernández (2022) centró su análisis en los principales candidatos de 2012 y observó una mayor cobertura para Peña Nieto que para López Obrador. Por su parte, Martínez y Maltos (2019) estudiaron tres canales de televisión públicos durante las elecciones de 2018 y constataron una cobertura informativa equitativa. Con base en los antecedentes descritos y considerando la campaña presidencial de 2024 en México como caso de estudio, se plantean las siguientes preguntas de investigación:
PI1: ¿Ofrecieron los medios de comunicación a nivel nacional una cobertura equitativa de las candidaturas presidenciales con mayores opciones de triunfo?
PI2: ¿Ofrecieron los medios de comunicación a nivel subnacional una cobertura equitativa de las candidaturas presidenciales con mayores opciones de triunfo?
3. La editorialización de la cobertura de las personas candidatas
Si bien los primeros acercamientos de la teoría del establecimiento de la agenda se concentraron en el estudio de la selección y la “saliencia” de los objetos, así como en la transferencia de la agenda a la audiencia, a mediados de la década de 1990 comenzó a examinarse también la manera en que los medios presentan dichos objetos (McCombs y Evatt 1995; McCombs y Valenzuela 2020). Con ello, se transitó desde el primer nivel del establecimiento de la agenda hacia el denominado segundo nivel, que parte de la premisa de que los medios, además de señalar sobre qué objetos reflexionar, también determinan cómo hacerlo mediante el uso de diferentes atributos que configuran la imagen del objeto informado.
Al respecto, McCombs y Evatt(1995, 30) señalan que los atributos “pueden (a) considerarse como las partes de un todo, (b) asociarse con determinadas perspectivas o (c) vincularse a algún componente más amplio de carácter emocional o cognitivo”. Es decir, hacen referencia a los aspectos relacionados con los objetos que aparecen en las noticias, por lo que, junto con la agenda de objetos, se reconoce también la existencia de una agenda de atributos (McCombs et al. 1997). McCombs et al. (2000) ofrece una definición precisa de los atributos al indicar que estos determinan las características y rasgos que permiten crear en las noticias la imagen de cualquier asunto, tema, persona u objeto tratados como hechos noticiosos por los medios.
Diversos estudios sobre el segundo nivel de la agenda en la cobertura de las personas candidatas han propuesto la existencia de dos posibles agendas de atributos, en función de la dimensión de las características enfatizadas en las noticias (López-Escobar et al. 1996; McCombs y Evatt 1995). Por una parte, se asume la existencia de una agenda de atributos sustantiva o cognitiva, que “expresa aquellos factores que la sociedad considera prioritarios en la captación de la imagen de los políticos” (López-Escobar et al. 1996, 64), como la ideología, los rasgos de personalidad, la forma de ser o las cualidades destacadas de la persona candidata en la información (Ghanem 1997).
Frente a la agenda sustantiva, la agenda de atributos afectiva remite a los “elementos relacionados con la forma, la proximidad y el interés humano” (Rodríguez Díaz 2004, 68), es decir, a las descripciones o al tratamiento mediático que reciben los actores políticos (López-Escobar et al. 1996). Esta dimensión se vincula con el concepto de valencia afectiva, entendido como un componente interno relacionado con los aspectos afectivos de los contenidos noticiosos, lo que denota el carácter evaluativo o tono valorativo de la información. El uso de esta agenda implica la incorporación de adjetivos calificativos en la noticia para definir a la persona candidata (McCombs et al. 1997), como “honesta”, “corrupta” o “peligrosa”. La elección de determinados calificativos conlleva la presentación de la persona candidata desde un enfoque positivo, negativo o neutro.
Los estudios desarrollados desde este enfoque revelan que el proceso de adjetivación forma parte de las prácticas periodísticas aplicadas al momento de elaborar el tratamiento informativo de las personas candidatas. Este fenómeno entra en gran medida en conflicto con la búsqueda de objetividad que se espera de la información, un ideal considerado definitorio del periodismo profesional (Humanes et al. 2017). Prácticas como la editorialización de la información o la adjetivación a favor o en contra de algún actor político son recurrentes, aunque contrarias a los principios de imparcialidad y objetividad periodística (De Gasperín Sampieri 1999; Echeverría 2017). De este modo se vulnera la factualidad, entendida como la cobertura basada en hechos verificables y no en la transmisión de opiniones en los contenidos puramente informativos (Márquez Ramírez 2012). Aunque la objetividad ha constituido un pilar esencial del periodismo ang
losajón (Humanes et al. 2017), este modelo liberal se expandió rápidamente a otros sistemas mediáticos, con la intención de adecuarse a los estándares profesionales de objetividad, factualidad y distanciamiento editorial necesarios para asegurar la imparcialidad de la información transmitida (Márquez Ramírez 2012). Según esta autora, dichos principios permiten evitar los sesgos y juicios de valor que entran en colisión con la objetividad. Por su parte, Echeverría (2017) sostiene que el sesgo presente en el periodismo político conlleva una práctica tendente a beneficiar de forma sistemática a ciertos actores en detrimento de otros. Para prevenirlo, resultan esenciales dos herramientas: la equidad en el acceso a la cobertura y el equilibrio en el tratamiento editorial recibido reflejado en los calificativos favorables o desfavorables dirigidos a los actores políticos (Echeverría 2017).
La editorialización se entiende habitualmente como el proceso mediante el cual la opinión se introduce en el contenido informativo a través del uso de adjetivos calificativos o frases idiomáticas que actúan como juicios de valor sobre el objeto de la información (Echeverría 2017; Juárez-Gámiz 2013). Esta inclusión de opinión implica un mayor nivel de subjetividad por parte de la o el periodista, característica más propia del género opinativo que de los géneros informativo e interpretativo (Fontcuberta 1993). Este fenómeno también se denomina valoración de la información, pues confiere un tono específico a la cobertura del objeto, que puede oscilar entre lo positivo y lo negativo en función de la naturaleza favorable o desfavorable de los calificativos empleados. Asimismo, otros aspectos como el tono de voz o la gesticulación al transmitir información se reconocen como recursos para adjetivar (Márquez Rodríguez 2004).
El ejercicio de la editorialización se ha identificado como una práctica habitual en los contenidos informativos de los medios mexicanos; esto se debe a la confusión entre los géneros periodísticos y la inserción de juicios de opinión y adjetivos al reportar los eventos (Juárez-Gámiz 2013; Márquez Rodríguez 2004). Sin embargo, también se ha señalado que la modernización del sistema mediático mexicano ha propiciado una reducción de esta práctica en determinados contextos, con el propósito de establecer una mayor separación entre información y opinión (Gómez 2020; González Macías y Echeverría Victoria 2017). Las tensiones que genera la necesidad de ajustarse a esta lógica en la práctica periodística han sido documentadas por Márquez Ramírez (2012), quien destaca el autocontrol que las personas reporteras ejercen en ocasiones para evitar emitir opiniones o juicios, en contraste con la mayor editorialización que suelen realizar quienes conducen los programas en que se presentan sus notas informativas.
A estos cambios estructurales en los medios mexicanos se unen los esfuerzos externos orientados a promover una mayor equidad y equilibrio en el tratamiento editorial de la cobertura informativa durante los procesos electorales. Un ejemplo de ello son los lineamientos elaborados desde 1994 por el IFE y posteriormente por el actual INE, con el objetivo de estimular una cobertura electoral basada en información equilibrada y objetiva (Magar y Molinar Horcasitas 1995 ); un tipo de cobertura que se ha analizado mediante los diferentes monitoreos ejecutados de manera periódica (Córdova Vianello 2013 ; Martínez Garza 2014; Muñiz 2024). Y es que, además de la equidad en el acceso a los contenidos noticiosos, la objetividad y la imparcialidad dependen del tratamiento recibido en los medios (De Gasperín Sampieri 1999).
Los estudios sobre editorialización presentan disparidad de resultados. Magar y Molinar Horcasitas (1995) señalaron que en las elecciones de 1994 se registró escasa información editorializada. En cambio, Márquez Rodríguez (2004) observó que en las elecciones de 2003 las principales televisoras del país —Televisa y TV Azteca— mostraron mayor tendencia hacia la valoración. Juárez-Gámiz (2013) identificó niveles más altos de editorialización durante las elecciones de 2012, tanto en televisión como especialmente en radio. En cuanto a la valencia afectiva o tono de la información, los resultados también presentan variaciones. Por ejemplo, en las elecciones de 2006 Lozano et al. (2011) detectaron una cobertura televisiva más positiva hacia los candidatos Calderón —ganador de la elección— y Madrazo que hacia López Obrador.
En las elecciones de 2012 se identificó que la mayoría de las valoraciones fueron neutrales (Echeverría 2017; Juárez-Gámiz (2013). Sin embargo, Sanmartín Fernández (2022) observó un tratamiento informativo más favorable para Peña Nieto —ganador de la elección— y uno negativo hacia López Obrador. Por su parte, Martínez Garza y Maltos (2019) detectaron en las elecciones de 2018 una mayor cantidad de críticas en las televisoras públicas dirigidas a López Obrador —ganador de la elección— que al candidato de oposición Anaya. Con base en estos antecedentes y considerando el contexto de la campaña presidencial de 2024 de México, se formulan las siguientes preguntas de investigación:
PI3: ¿En qué medida se editorializó la información sobre las candidaturas presidenciales de los noticiarios a nivel nacional y subnacional?
PI4: ¿Qué valencia afectiva dominó en las valoraciones realizadas de las candidaturas presidenciales en los noticiarios a nivel nacional y subnacional?
4. Metodología
Si bien los primeros acercamientos de la teoría del establecimiento de la agenda se concentraron en el estudio de la selección y la “saliencia” de los objetos, así como en la transferencia de la agenda a la audiencia, a mediados de la década de 1990 comenzó a examinarse también la manera en que los medios presentan dichos objetos (McCombs y Evatt 1995; McCombs y Valenzuela 2020). Con ello, se transitó desde el primer nivel del establecimiento de la agenda hacia el denominado segundo nivel, que parte de la premisa de que los medios, además de señalar sobre qué objetos reflexionar, también determinan cómo hacerlo mediante el uso de diferentes atributos que configuran la imagen del objeto informado.
Para la elaboración del estudio se emplearon los datos generados por el monitoreo y análisis de contenido de la precampaña y campaña del Proceso Electoral Federal (PEF) 2023-2024, coordinado por el INE y ejecutado por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Dicho monitoreo proporciona información sobre la cobertura en radio y televisión de ambas etapas electorales. En este artículo se analizaron exclusivamente los datos referentes a los noticiarios durante los 90 días de la campaña presidencial, celebrada en México entre el 1 de marzo y el 29 de mayo de 2024. El monitoreo se ejecuta a partir de un catálogo de programas de radio y televisión que difunden información relativa al proceso electoral, aprobado por el INE. Para definir esta muestra, el Instituto aplica un muestreo probabilístico de alcance federal que considera criterios como: (i) niveles de audiencia nacional, (ii) equidad territorial, (iii) representatividad demográfica, y (iv) relevancia política; además de la proporcionalidad según el tipo de concesión, horario y periodicidad.
De los 503 programas incluidos en el monitoreo, para este estudio se seleccionaron únicamente aquellos correspondientes a noticiarios de radio y televisión, lo que redujo el corpus final a 489 programas. En cada uno se identificaron las menciones relacionadas con la campaña electoral y con las candidaturas presidenciales. Cada mención se consideró como pieza de monitoreo, entendida como la unidad de análisis capaz de concentrar las diferentes variables utilizadas en el análisis de contenido. De esta forma, la muestra final del estudio quedó conformada por 219 631 piezas.
El libro de códigos de este estudio se elaboró a partir de algunas de las variables propuestas por el INE en su metodología. Dicho instrumento se estructuró de la siguiente manera:
4.2.1. Cobertura dedicada a cada candidatura presidencial
Se contabilizó el tiempo dedicado a cada persona candidata en las piezas de monitoreo identificadas. Cuando la mención a alguna de las tres candidaturas fue tangencial, se registró el tiempo únicamente para el actor principal; en cambio, si la referencia aludía de forma general a la campaña, el tiempo se distribuyó entre los actores mencionados. Debido a la ausencia de una base de datos con los tiempos precisos por pieza y por persona candidata, se trabajó con los datos globales disponibles en el portal de monitoreo, que ofrecen el porcentaje del tiempo otorgado a cada candidatura tanto a nivel global o nacional como por entidad federativa o nivel subnacional.
4.2.2. Candidatura presidencial
El análisis se centró en las piezas correspondientes a las tres candidaturas contendientes en la elección presidencial: (1) Claudia Sheinbaum Pardo, postulada por la coalición Sigamos Haciendo Historia (Morena-PT-PVEM); (2) Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, candidata de la coalición Fuerza y Corazón por México (PAN-PRI-PRD); y (3) Jorge Álvarez Máynez, candidato del partido Movimiento Ciudadano (MC).
4.2.3. Nivel de editorialización de la información
En cada pieza se evaluó la presencia o ausencia de valoraciones emitidas por las comunicadoras y los comunicadores al transmitir la información, ya fuera mediante adjetivos calificativos o expresiones idiomáticas con función adjetiva. Una misma pieza podía contener múltiples valoraciones y dirigirse a una o varias candidaturas, es decir, una valoración podía aplicarse a más de una persona candidata. Con base en ello se construyó un indicador del nivel de editorialización, que se obtuvo al dividir el número de piezas con valoraciones entre el total de piezas correspondientes a cada candidatura. El resultado expresa el porcentaje de piezas editorializadas tanto a nivel global como por entidad federativa.
4.2.4. Valencia afectiva de la información editorializada
Cada valoración identificada se clasificó como positiva o negativa en relación con la persona candidata a la que hacía referencia. Posteriormente, se calculó un diferencial mediante la resta de las valoraciones negativas respecto de las positivas. Este indicador permitió establecer la valencia afectiva de la editorialización, expresada en un valor delta que podía oscilar entre -100 (todas las valoraciones negativas) y 100 (todas positivas). Un resultado de 0 indicó una valoración neutra en la pieza.
5. Análisis de los resultados
En primer lugar, se analizaron los tiempos totales dedicados a cada candidatura a nivel nacional (ver Tabla 1). Dado que no se dispone del tiempo específico dedicado a cada candidatura en cada pieza monitoreada, sino únicamente de los datos globales, el análisis se efectuó con los porcentajes que dichos tiempos representaron dentro de la cobertura nacional y de cada entidad federativa. Por ello, se aplicó una prueba de chi cuadrado para una muestra o prueba de bondad de ajuste con variables categóricas. Esta prueba permite determinar si la distribución empírica de una variable categórica se ajusta o no a una determinada distribución teórica previamente establecida (Quevedo Ricardi 2011). Para este estudio, se compararon los porcentajes de tiempo registrados para cada persona candidata con una distribución teórica uniforme entre las tres candidaturas presidenciales existentes.
Los datos reflejan que la candidatura con mayor tiempo fue la de Claudia Sheinbaum, con un 40.45 % del total destinado a las tres candidaturas en los noticiarios. La cobertura correspondiente a Xóchitl Gálvez fue cercana con el 36.65 %, mientras que Jorge Álvarez Máynez registró el menor tiempo global con el 22.90 %. A pesar de ello, la prueba de chi cuadrado aplicada no arrojó diferencias entre los tres porcentajes, χ2(2) = 4.940, p = .085. Aunque este resultado sugiere una dedicación de tiempo relativamente equitativa, la prueba indica una diferencia tendencial entre los tiempos de Claudia Sheinbaum y Jorge Álvarez Máynez.
Tabla 1 Comparación de las alegaciones de fraude electoral en Perú (2016 vs 2021)
Fuente: Elaboración propia Nota: CS = Claudia Sheinbaum, XG = Xóchitl Gálvez, JAM = Jorge Álvarez Máynez. Se trabajó con datos ponderados, dado que únicamente se contó con el registro general de cada tipo de valoración. Los porcentajes con subíndices marcan la candidatura con mayor presencia en cada entidad.
Posteriormente, se analizó la cobertura correspondiente a cada entidad federativa del país (ver Tabla 1). En comparación con el resultado nacional, a nivel subnacional se identificaron diferencias estadísticamente significativas en 17 de las 32 entidades, mientras que en las otras 15 restantes la cobertura fue relativamente equitativa. Entre las entidades con mayor equidad destacaron aquellas que concentran las principales zonas metropolitanas del país, como Ciudad de México, χ2(2) = 5.840, p = .054; Nuevo León, χ2(2) = 0.980, p = .613; y Jalisco, χ2(2) = 1.820, p = .403. En contraste, entre las entidades que presentaron diferencias estadísticamente significativas, Claudia Sheinbaum registró una mayor cobertura en 14 de ellas, frente a 2 donde predominó Xóchitl Gálvez y una en la que ambas recibieron tiempos similares. El candidato Jorge Álvarez Máynez obtuvo la menor cobertura en todas estas entidades que presentaron diferencias estadísticamente significativas.
Para analizar el nivel de editorialización durante la campaña electoral en los noticiarios se tomaron como referencia los datos relativos al número de piezas valoradas durante el proceso electoral. Del total de 84 626 piezas detectadas en los noticiarios analizados, solo 3469 incluyeron valoraciones sobre la información transmitida. Esto implica que durante la campaña electoral el 4.10 % presentaron algún grado de editorialización en los noticiarios de radio y televisión. Además del análisis global, se determinó el nivel de editorialización a escala subnacional mediante el análisis de los datos correspondientes a cada entidad federativa.
En el caso de las diferentes entidades federativas, los resultados obtenidos arrojaron diferencias estadísticamente significativas en los niveles de editorialización registrados entre ellas, χ2(31) = 45.600, p = .044. Al comparar el nivel de editorialización de cada entidad con el nivel total nacional (4.10 %), se detectaron 17 entidades con un volumen de piezas editorializadas inferior al promedio y 15 con un nivel superior. En el Gráfico 1 se observa el aporte de cada entidad al total de piezas valoradas (línea punteada) y el nivel de editorialización presentado al interior de su cobertura (línea continua). Se aprecia que entidades como Ciudad de México, Estado de México y Jalisco concentraron un alto volumen de piezas valoradas debido a la cantidad de medios analizados en el monitoreo, pero no registraron niveles elevados de editorialización.
En contraste, entidades como Quintana Roo, Aguascalientes o Zacatecas registraron altos niveles de editorialización en su cobertura, a pesar de aportar un número reducido de piezas valoradas al total del monitoreo. Por su parte, entidades como Puebla y Durango destacaron por presentar ambos fenómenos, un volumen considerable de piezas con valoraciones y elevados niveles de editorialización (ver Gráfico 1). Este resultado puede asociarse con el hallazgo anterior, dado que once de las entidades que mostraron diferencias estadísticamente significativas en el tiempo de cobertura asignado a las tres candidaturas se ubicaron entre las quince que superaron el porcentaje nacional de piezas editorializadas.
